HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

IES ROSARIO DE ACUÑA


 

 

 

 

 

PLATÓN

 

 

VIDA Y OBRA:

 

Platón (428-347 a.n.e.) o lo que es lo mismo, Aristocles de Atenas, hijo de Aristón y Perictione, descendiente de la estirpe de Solón de Atenas, es sin duda, el filósofo más importante de todos los tiempos, tanto que Alfred North Whitehead (1861-1947) acuñó la frase según la cual, toda la historia de la filosofía puede resumirse en notas a las obras de Platón. Esto puede dar una idea de el abanico amplísimo de cuestiones que Platón llegó a tratar en sus obras, así como de la dificultad para comprender todas las cuestiones tratadas por él.

 

Su educación estuvo orientada a la vida política, amén de la poesía, detalle biográfico importante para dar cuenta del carácter formal de sus obras que, como se sabe, están escritas en la forma de diálogo, ya sea directo, o bien indirecto (relatado por alguien que asistió a determinada discusión).

 

Educado por Cratilo, seguidor de Heráclito, y admirador, amigo y discípulo de Arquitas de Tarento, que perteneció a la escuela pitagórica, su formación se orientó definitivamente hacia la filosofía gracias a su estrecho contacto con Sócrates, a quien conoció a los veinte años. Sócrates, a quien Platón llama «el hombre más justo de su tiempo» fue condenado a muerte por los atenienses. Platón abandona Atenas y viaja por Sicilia (390-388) donde observa la eficacia política de Arquitas de Tarento, estadista y pensador que expresa el antiguo ideal griego del sabio que reune en sí el conocimeinto y la acción práctica. Arquitas le introduce en la corte de Siracusa donde hizo amistad con Dion y con su cuñado Dionisio I, tirano de la ciudad. Dion parecía receptivo a sus ideas y trató sin éxito de implantar en Siracusa el ideal político que se había fraguado bajo las enseñanzas de Sócrates. Este proyecto fracasaría  por tres veces, la última de las cuales se saldó con el asesinato de su amigo Dión.

 

En el año 388 fundó Platón la Academia, escuela filosófica llamada así porque fue construida en los terrenos del héroe Academos, en Atenas. La Academia existiría durante casi mil años, desde este año hasta el año 529 de nuestra era, cuando el emperador Justiniano la mandó cerrar, junto con lo que fue el Liceo de Aristóteles y la Biblioteca de Alejandría. Sin duda, esta institución estaba inspirada en el modelo de la escuela pitagórica, aunque en ella se hacían investigaciones de todo tipo: clasificaciones de plantas y animales (como nos cuenta Epicrates), astronomía y matemáticas, así como la discusión filosófica. Maestro y discípulos vivían juntos en casas dispersas por el jardín. Temprano, el silbido de un reloj despertador inventado  por Platón les llamaba a todos a las lecciones y discusiones. La Academia celebraba de vez en cuando simposia, fiestas para las que los miembros pagaban contribuciones mensuales. En esta escuela estudiaron Espeusipo (sobrino de Platón y heredero de la Academia), Teeteto, matemático importante cuyas investigaciones alumbraron la labor de Euclides (concretamente el libro XIII de sus Elementos) y, por supuesto, Aristóteles, que se pasó en la Academia nada menos que veinte años, hasta la muerte de Platón. Astrónomos como Eudoxo de Cnido o Heráclides Póntico estuvieron vinculados a la Academia, y a ellos se deben las hipótesis astronómicas que luego podemos encontrar en Ticho Brahe. Simplio nos informa inclusive, que Heráclides Póntico debió de plantearse incluso la posibilidad de un sistema astronómico heliocéntrico (dando explicación al fenómeno de retrogradación, etc.) Sin duda, Heráclides Póntico habría recibido la influencia de la escuela pitagórica, pues Arquitas de Tarento llegó a defender un sistema astronómico en el que diez «esferas» (el sol, la luna, la tierra, los cinco planetas, la esfera de las estrellas fijas y la de la «Antitierra» -inventada para completar la armonía de la decena sagrada propia de la escuela pitagórica- giran en torno de un «fuego central» que, en este modelo se considera invisible, por lo que su identificación con el sol es sólo una congetura posterior. La audacia de Arquitas y su escuela había sido introducir la concepción de la tierra en movimiento circular, frente a su tradicional situación en el centro del sistema, con todo lo que ello había supuesto en su momento (piénsese en Anaximandro).

 

Cuenta Diógenes Laercio que Platón recibió ofertas de varios estados que le solicitaban como legislador, ofertas que rechazó porque no aceptaban la abolición de la propiedad privada, oferta que proponía como condición.

 

Para obtener más datos sobre la vida de Platón conviene leer su famosa Carta VII cuya autenticidad parece probada. En ella, Platón da cuenta de diversos detalles biográficos de interés.

 

 

OBRA

 

Su obra se compone de 30 escritos: 26 diálogos, la Apología de Sócrates, y las cartas VI; VII; VIII. Su orden cronológico aproximado será el siguiente (es de notar que el orden de las obras introduce ya criterios de interpretación filosófica, pero qué le vamos a hacer, es inevitable):

 

1. Diálogos socráticos: Apología, Critón, Eutifrón, Laques, Cármides, Protágoras, Hippias maior y minor, Ion. Todos ellos desarrollan el pensamiento más cercano a su maestro Sócrates que es el personaje central. Se les llama también diálogos aporéticos, porque conducen a situaciones más o menos irresolubles en el tratamiento de los problemas morales a los que se enfrentan los personajes. Ahora bien, estas situaciones son precisamente argumento para la relectura de las obras.

 

2. Diálogos de madurez: Cratilo, Eutidemo, Menexeno, Lisis, Gorgias, Menón, Fedón, Banquete, Fedro, La República (compendio de lo anterior y tratado de máximo interés). En ellos se desarrolla el contenido de la etapa filosófica de Platón más poética. Su filosofía está escrita bajo el manto poético de una construcción que recurre constantemente a los mitos, desarrollando el modelo clásico de interpretación de la filosofía de Platón, tanto en su teoría de las ideas, como en su teoría del conocimento, y por supuesto, en su teoría del Estado ideal.

 

3. Diálogos críticos y de vejez. Un Sócrates joven e inexperto se enfreta ahora con aquéllas ideas (propias de los diálogos anteriores) a un Parménides sabio y anciano que le muestra lo ridículo de su posición doctrinal. El Parménides se titulará este diálogo. A él le siguen el Teeteto con este carácter aporético en el que se discuten diversas teorías del conocimiento sin que ninguna llegue a ser satisfactoria. El Sofista y el Político son diálogos en los que Platón desarrolla su verdadera y definitiva teoría de las ideas, ya desprovista del manto mitológico de la anterior etapa a través del método de la diaíresis o división para el establecimiento de definiciones precisas de todas las cosas, del sofista y del político entre otras.

 

El Filebo,  Timeo, Critias (inconcluso) y Las Leyes son sus últimos diálogos, en ellos el enfoque de Platón se dirige más hacia la construcción de una interpretación del mundo (una filosofía natural) con ideas potentísimas como la figura del Demiurgo que aparece en el Timeo o el mito de la Atlántida que aparece en el Critias. O el tremendo diseño urbanístico de Las Leyes.

 

Pero este apartado quedaría iconcluso si no leyéramos lo siguinte:

 

 

«Pues bien, oí que había por Náucratis, en Egipto, uno de los antiguos dioses del lugaral que, por cierto, está consagrado el pájaro que llaman Ibis. El nombre de aquella divinidad esa el de Theuth. Fue éste quien, primero, descubrió el número y el cálculo, y, también, la geometría y la astronomía, y, además, el juego de  damas y el de dados, y, sobre todo, las letras. Por aquel entonces, era rey de todo Egipto Thamus, que vivía en la gran ciudad de la parte alta del país, que los griegos llaman la Tebas egipcia, así como a Thamus llaman Ammón. A él vino Theuth, y le mostraba sus artes, diciéndole que debían ser entregadas al resto de los egipcios. Pero él lepreguntó cuál era la utilidad que cada una tenía, y, conforme se las iba munuciosamente exponiendo, lo aprobaba o desaprobaba, según le parecieses bien o mal lo que decía. Muchas, según se cuenta, son las opiniones que, a favor o en contra de cada arte, hizo Thamus a Theuth, y tendríamos que disponer de muchas palabras para tratarlas todas. Pero, cuando llegaron a lo de las letras, dijo Theuth: «Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría.» pero él le dijo: «Oh artificiosísimo Theuth! A unos les es dado cerar arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta para los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Poeruq es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad.»

 

Este relato de Platón, este mito que aparece en el precioso diálogo Fedro (274c-275b), puede servir para ilustrar el significado de la teoría del conociemiento de Platón; pero también de su teoría de las Ideas, y con ello también de su método: la dialéctica, la discusión permanente a través del diálogo para la consecución de conocimiento. Este mito nos dice lo que cabe decir de Platón. El diálogo es el camino del conocimiento, un camino que ha de recorrerse constantemente, sin descanso, sin olvido, sin la narcotización del sueño.

 

 

 

Epígrafe 3: PLATÓN: EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO

 

 

1. El problema del conocimiento

 

Fedro: «lo que, por sí mismo, se mueve, nadie tendría reparos en afirmar que esto mismo es lo que constituye el ser del alma y su propio concepto.»

 

a) El conocimiento verdadero y sus objetos

 

Platón afirma con Heráclito que el mundo sensible es un fluir constante y caótico. Al igual que Parménides, Platón niega que los objetos que lo constituyen puedan ser verdaderamente conocidos; el conocimiento verdadero (Episteme) deberá ser objetivo, universal e inmutable y, como es obvio, un conocimiento así no podrá versar sobre los objetos del mundo sensible sometidos a cambios permanentes, de manera que, lo que ahora es cierto, se torna falso al instante.

 

La Episteme sólo podrá versar, entonces, sobre entidades reales que sean ellas mismas universales e inmutables. Cuando el conocimiento verdadero alcanza tales realidades, podrá establecer verdades eternas, objetivas, válidas para cualquier persona y en cualquier tiempo. A estas entidades que constituyen el verdadero Ser y la auténtica Realidad, y que pueden ser objeto de Episteme, Platón las denomina Ideas.

 

Volviendo de nuevo a las cosas del mundo sensible, aunque no puedan ser objeto de Episteme, no por ello quedan reducidas, como hacía Parménides, a puro no-ser. Desde luego, no pueden ser objetos de verdadero conocimiento, pero sí de un tipo inferior de conocimiento que Platón llama Doxa (opinión). La Doxa, como los objetos sensibles, es cambiante y subjetiva, pero, como se verá más adelante, es la base a partir de la cual puede empezar a construirse el conocimiento verdadero, la Episteme.

 

b) La Anámnesis: el conocimiento como recuerdo.

 

En el Menón, Platón plantea el problema del conocimiento en los siguientes términos:

 

"A un hombre no le es posible buscar ni lo que sabe, ni lo que no sabe. En efecto, no buscará lo que sabe, porque lo sabe y, en tal caso, no tiene necesidad de buscarlo; no buscará lo que no sabe, porque tampoco sabe lo que tiene que buscar."

 

Para evitar el dilema Platón recurre a un mito: en sentido estricto, no se puede aprender nada. Aprender consiste simplemente en el proceso de recordar (Anámnesis). El alma, dice Platón sirviéndose la tradición órfico-pitagórica, es un "trozo" de la divinidad que "cae" en el cuerpo. En su recorrido ha visto directamente las Ideas en el "Cosmos Uranos". Conocer es, pues, recordar lo que el alma vio en las Ideas. De este modo podría explicarse la sorprendente gesta que se relata en el diálogo citado: un esclavo sin ningún conocimiento en geometría va respondiendo poco a poco a las preguntas de Sócrates hasta acabar reproduciendo los conceptos fundamentales de la disciplina.

 

Pero la doctrina de la Anámnesis es un mito similar a otros muchos de los que Platón se sirve como instrumentos para exponer su pensamiento. No hay olvidar que la única condición que Sócrates pone al esclavo antes de empezar se expresa en la siguiente pregunta: "¿eres griego y hablas griego?"; puede, por tanto, que las ideas estén antes en la historia y en el lenguaje que en el "Cosmos Uranós". En cualquier caso, según creemos, más que la primacía del recuerdo, el mito representa el estímulo y la incitación a la búsqueda de las Ideas.

 

2. El Método del conocimiento

a) La dialéctica: el método del conocimiento.

 

La dialéctica es el método propio de la investigación filosófica. Platón la define como el doble camino desde las cosas sensibles a las Ideas y, desde éstas, de nuevo a las cosas. Estos dos momentos que constituyen el método pueden ser resumidos así:

 

Momento primero: el objetivo de este momento es llegar a las Ideas, realidades supremas que expresan la esencia de las cosas, es decir, lo que estas son en realidad. Para hacerlo se parte de las cosas particulares y sensibles. Se van planteando hipótesis como meros puntos de partida que, en el curso de la investigación, irán negándose y superándose. Mediante tales hipótesis se establece, primero, el concepto universal, es decir, el concepto común y único que corresponde a la pluralidad y diversidad de cosas que estamos analizando. Desde ahí, por el mismo procedimiento hipotético, alcanzamos la Idea, principio absolutamente verdadero, no hipotético, en cuya estructura queda recogida la esencia de las cosas que pretendíamos explicar.

 

Momento segundo: desde las Ideas debemos descender de nuevo a las cosas, pues éstas sólo quedan perfectamente explicadas a la luz de aquellas. En efecto, si en las Ideas encontramos una estructura que contiene la esencia de las cosas, sólo desde ellas podemos decir lo que las cosas son en realidad. Si el procedimiento en el primer momento era el establecimiento de hipótesis, en este caso se trata del mecanismo que Platón llama Diáiresis, división o análisis de las Ideas.

 

b) El símil de la Línea: un modelo del método dialéctico

 

Al final del Libro VI de la República, Platón expone mediante el símil siguiente el proceso dialéctico del conocimiento: tomemos, dice, una línea vertical que llamaremos AE y dividámosla en dos segmentos, AC el inferior y CE el superior.

 

a) segmento AC: representa lo que Platón denomina "lo horató" (la zona visible). A esta zona corresponde genéricamente el tipo de conocimiento que Platón llama Doxa (opinión). A su vez, AC está dividido en dos nuevos segmentos, AB, inferior, y  BC, superior. AB lo forman las sombras y reflejos de los cuerpos físicos. El conocimiento correspondiente es la Eikasía (imitación). BC contiene a los cuerpos físicos, a los que corresponde el conocimiento llamado Pistis (creencia).

 

b) segmento CE: en él queda representado "lo noetá" (zona inteligible), a la que corresponde globalmente el género de conocimiento llamado Noesis. Como el segmento anterior, este también se divide en dos. El CD, inferior y el DE, superior. Al segmento CD se le asocia con las entidades matemáticas, intermedias entre las cosas y las Ideas. A ellas corresponde el tipo de conocimiento que Platón llama Dianoia (razonamiento). El segmento DE ocupa la parte superior de la línea y contiene a las realidades supremas, las Ideas, Primeros Principios de las cosas.  De ellas se ocupa la Episteme, conocimiento racional supremo.

 

El símil va a servirnos para aclarar algunas cosas. Primero, por si había quedado alguna duda, Platón presenta explícitamente el conocimiento como un proceso que parte necesariamente de lo sensible y va paulatinamente ascendiendo. Segundo, ese proceso de ascensión se produce a través de la negación progresiva de todo  lo que de apariencia falsa hay en lo sensible; la verdad se va construyendo en el mismo proceso de negar la falsedad de lo que aparece. Por último es nuevamente necesario recordar que conocer verdaderamente implica recorrer la línea hacia arriba y hacia abajo, completar los dos momentos del método dialéctico: mediante el primero llegamos a las Ideas, mediante el segundo regresamos de nuevo a las cosas, pues éstas sólo quedan verdaderamente comprendidas a la luz de las Ideas.

 

3. El Mito de la Caverna: el objetivo ético-político del conocimiento

 

En el Libro VII de la República, Platón da un paso más en la elaboración de su Teoría del Conocimiento expuesta en la Línea. El Mito de la Caverna reitera lo dicho anteriormente, pero, aunque siempre presente se hace explícita la función ético-política del conocimiento y, por tanto, de la filosofía.

 

Imaginemos, dice, una caverna provista de una larga entrada abierta a la luz. En su interior habitan desde niños unos hombres encadenados por las piernas y el cuello. Completamente inmovilizados, sólo pueden mirar al frente, a la pared interior de la caverna. Detrás de ellos, un fuego arde a lo lejos. Entre los encadenados y el fuego hay una especie de tarima alargada y elevada. Por ella transitan hombres cargando todo tipo de objetos. La luz del fuego proyecta en la pared del fondo las sombras de los hombres y de los objetos que portan. Además, los hombres hablan, y su voz rebota en la pared que ven los encadenados provocando eco. Para los encadenados, la realidad estaría constituida por las sombras que ven en frente. Como la voz de los porteadores rebota en la misma pared en la que se reflejan las sombras, también creerán que las sombras "hablan". Si, por alguna razón, un encadenado se libera y vuelve la vista atrás, deslumbrado por la luz a la que sus ojos no están acostumbrados, seguirá tomando por verdad a las sombras y por ficción a los hombres reales y a los objetos que transportan. Poco a poco, sus ojos irán acostumbrándose a la luz del sol y el dolor cederá. Entonces reconocerán qué es la verdadera realidad y qué la apariencia sombría. El paso siguiente es salir de la caverna y poder mirarlo todo claramente iluminado por el sol. Pero cuando consigue salir y conocer lo verdaderamente real, su obligación es volver de nuevo a la caverna y liberar a los que aún están encadenados dentro.

 

El mito es tremendamente rico y, desde luego, no pretendemos agotar en unas pocas líneas su significado, pero vamos a intentar una lectura doble.

 

Por un lado, desde el punto de vista gnoseológico, Platón reitera lo ya dicho en la Línea: expone los dos momentos del proceso dialéctico del conocimiento mediante la metáfora salir-volver a entrar en la caverna. La caverna sería el Mundo Sensible (con sombras y cuerpos y, por tanto, con los dos géneros de Doxa, la Eikasía y la Piscis). El exterior de la caverna representa el Mundo Inteligible, objeto de la Noesis (a su vez dividida en Dianoia y Episteme), y compuesto por las entidades matemáticas y las Ideas, con la luz del sol representando la Idea de Bien, que en la República aparece como la Idea Suprema.

 

Pero aún más interesante es la lectura ético-política. El conocimiento sirve sólo en la medida en que regresamos a la caverna, al mundo real, a la ciudad, para hacer ciudadanos libres y felices, para construir ciudades justas.

 

Sin embargo, el proceso de conocer es difícil y doloroso. Al principio, nos aferramos a las sombras a las que ya estamos acostumbrados, aunque eso signifique condenarnos a la ignorancia, la infelicidad, y la esclavitud. Si somos capaces de mirar rectamente sentimos dolor, pues observamos una realidad invertida, completamente diferente de lo que pensábamos, y nos duele reconocer el estado de ignorancia y de esclavitud en el que estábamos instalados. Poco a poco vamos acostumbrándonos a reconocer lo que verdaderamente es y lo que nos hace libres, justos y felices. Cuando lo hemos logrado hay que completar el proceso regresando a la caverna, pues conocer, además de una actividad teórica, es esencialmente una actividad práctica; llegar a las Ideas es el trámite necesario para, desde ellas, establecer los criterios universales y objetivos que permitan construir sociedades justas con individuos felices.

 

 

 

Epígrafe 4: PLATÓN: LA TEORÍA DE LAS IDEAS

 

 

«Cada imagen de la idea en nuestra existencia es una realización y un mezclarse con lo malo, eso pertenece a las frases fundamentales de la doctrina de Platón.» Friedländer.

 

 

Dedicamos el apartado anterior a presentar los aspectos más destacados de la Teoría platónica del Conocimiento (Epistemología o Gnoseología).

 

En este, vamos a abordar en primer lugar, los aspectos generales de la Ontología, para pasar luego a exponer someramente el rasgo más peculiar de esta: La Teoría de las Ideas.

 

1. Aspectos generales de la Ontología platónica

I. Ontología pluralista

 

 

La ontología platónica es pluralista en dos aspectos: primero, afirma con Heráclito que el mundo de los objetos sensibles es plural, cambiante. Como tal, no puede ser objeto de verdadero conocimiento. Pero también las Ideas, realidades supremas, sólo comprensibles por el intelecto, aunque inmutables y absolutamente verdaderas, son múltiples y se relacionan entre sí mediante symplokés, es decir, uniones de ideas que componen una estructura ordenada.

 

En este sentido deshace, como por primera vez lo hiciera Demócrito, la tesis metafísica de la unidad del todo; ni todo está ligado con toda, ni nada está ligado con nada. Las Ideas no están completamente separadas unas de otras. Tampoco están todas unidas entre sí. La noción de symploké significa que ciertas Ideas están unidas entre sí pero separadas de otras.

 

II. Supone un intento de racionalización completa de lo real

 

Según una larga tradición interpretativa, la distinción platónica entre lo "horató" (lo sensible) y lo "noetá" (lo inteligible), señalaría la escisión entre dos mundos: el Mundo Sensible y el Mundo Inteligible. A nuestro entender, la distinción se da más en el terreno de la gnoseología que en el de la ontología, sin que con ello se pretenda negar el estatuto ontológico que correspondería a las Ideas. Un ejemplo cercano nos servirá para aclarar lo que queremos decir: imaginemos la ley general de la mecánica según la cual la velocidad de un móvil se define por el cociente entre el espacio recorrido y el tiempo invertido. Nadie negará que tal ley es real y que, en consecuencia, le corresponde un cierto estatus ontológico, pero eso no significa que resida en ningún lugar separado, en el "mundo de las fórmulas de la mecánica". Para establecerla como ley general se ha tenido que indagar racionalmente a partir de la observación del movimiento de los cuerpos físicos. Del aparente caos y desorden de tales movimientos observados se abstraen regularidades, proporciones, relaciones constantes, vínculos entre la noción de velocidad y otras nociones (espacio y tiempo) previamente configuradas en la mecánica. Pero sólo cuando la ley llega a establecerse como tal puede decirse que aquellos movimientos observados son verdaderamente conocidos; podríamos decir, forzando un poco el lenguaje platónico, que "lo visible" son los movimientos de los cuerpos físicos observados por los sentidos, y que "lo inteligible" es la fórmula misma alcanzada en el proceso racional que aclara, hace comprensible y da sentido y orden a los movimientos aparentemente caóticos que observábamos.

 

De modo similar podemos hablar de las Ideas platónicas. Más que habitantes de un mundo ajeno al nuestro, las Ideas son la condición de racionalidad de todo cuanto existe. Lo que nos llega a través de los sentidos (lo horató) es aparentemente caos y desorden. Si nos mantenemos en ese plano de la sensibilidad, nada puede ser verdaderamente conocido. Ahora bien, desde ahí podemos iniciar el proceso racional que, mediante el método dialéctico, conduce a las Ideas. Con ellas alcanzamos el verdadero conocimiento de todo lo real, de modo que la realidad deja de presentarsenos como caótica y desordenada y empezamos a entenderla como orden y racionalidad.

 

El caos y el desorden que calificaban la concepción del mundo que nos llegaba por los sentidos, se revelan ahora como "falsa apariencia" pero, frente a Parménides, como apariencia de la que hay que partir para alcanzar el conocimiento, como falsedad que hay que tomar en cuenta para, negándola progresivamente, alcanzar la verdad.  Definitivamente comprendemos que lo real es orden y racionalidad, esto es comprendemos que lo real son las Ideas. Dicho de otro modo, el proceso racional que arranca desde la experiencia sensible del mundo acaba manifestando que lo que nos parecía conocer del mundo a través de esa experiencia sensible era sólo apariencia, pero no conocimiento verdadero. Al llegar a las Ideas alcanzamos el verdadero conocimiento de lo real, y vemos que lo real son las Ideas mismas, esto es, que lo real es lo racional.

 

Además, no podemos olvidar que el proyecto de la filosofía platónica es esencialmente ético-político; intentar racionalizar la realidad en su conjunto es también intentar racionalizar la ciudad para hacerla más justa y más feliz. Sólo alcanzando las Ideas, realidades supremas, objetivas y universalmente válidas, es posible obtener a partir de ellas criterios de organización política objetivos y, por tanto, comunes para todos los ciudadanos. El filósofo ha de ser el gobernante porque ha alcanzando el conocimiento de las Ideas y puede deducir desde ellas los criterios de organización.

 

 

2. La Teoría de las Ideas

 

La teoría de las Ideas es el asunto más controvertido del pensamiento platónico. Por ello nuestra exposición no puede ser lineal y sistemática, sino que deberá presentarse de manera necesariamente problemática. Tradicionalmente esta teoría suele exponerse así:

I. En los diálogos de juventud, Platón entendería por Idea el concepto universal. Por ejemplo, para definir la Idea de Justicia buscaría lo que es común a todas las acciones justas. Ese "algo común" es el concepto universal de Justicia al que Platón llamaría "Idea".

II. En los diálogos de madurez se daría un cambio radical:

- las Ideas son esencias, es decir, "aquello que hace que una cosa particular sea lo que es". Así, la Idea de Belleza es la Belleza en sí. Las cosas bellas son bellas porque participan o imitan la Belleza en sí, de modo que la Belleza en sí es la que hace que ciertas cosas sean bellas.

- las Ideas tienen existencia separada de las cosas. Existen en un mundo separado del mundo de las cosas sensibles. Hay, pues, dos mundos, el mundo sensible y el mundo inteligible.

- son entidades eternas e inmutables. Como son incorpóreas, nuestros  sentidos no nos pueden informar  de ellas; sólo son cognoscibles por el intelecto.

- las Ideas se relacionan con las cosas porque éstas participan o imitan a las Ideas. En el segundo caso (imitación), las Ideas funcionan como paradigmas, modelos de las cosas. Las cosas del mundo sensible quedan, pues reducidas a un simple reflejo de las Ideas.

- las Ideas presentarían una estructura jerarquizada con la Idea de Bien como Idea Suprema.

III. en los diálogos de vejez habría un revisión de la teoría anterior que supondría una recaída platónica en el Pitagorismo, según la cual, como dice Aristóteles, Platón afirmaría ahora que las Ideas son números.

 

 

A esta interpretación tradicional debemos ponerle las siguientes objeciones:

- no parece que Platón entendiera nunca la Idea como el concepto universal.

- pensar que Platón creía que las Ideas existían como realidades a parte en un mundo separado nos parece trivializar su pensamiento. No es estúpido y, desde luego, no puede haber pasado por alto que, si las Ideas son incorpóreas, no pueden ocupar ningún lugar en el espacio. Pero que no residan en un mundo diferente al de las cosas no significa que no sean reales, universales y absolutamente verdaderas. Por ejemplo, nadie negará que h2=a2+b2 es real, universal y verdadera. La fórmula da cuenta de la estructura interna, de la esencia del triángulo rectángulo y no por ello decimos que exista en un mundo separado.

 

A nuestro juicio este malentendido tiene su origen en el lenguaje mítico y metafórico de Platón. La diferencia entre mundo sensible y mundo ininteligible, según creemos,  se expresa en lenguaje mítico (fundamentalmente en el mito de la caverna), precisamente porque Platón no escribe para sus "colegas filósofos" , sino para el público en general, y debe elegir un tipo de lenguaje sencillo, directo y comprensible por todos como es el mito.

 

- Platón no desprecia nunca el mundo sensible como fuente de conocimiento. Efectivamente, dice que de él no podemos tener conocimiento verdadero, pero el método dialéctico mediante el cual llegamos a conocer las ideas empieza en la Doxa (opinión), que sí versa sobre las cosas sensibles y, mediante hipótesis, avanzamos hasta el conocimiento de las Ideas. Desde las Ideas volvemos de nuevo hacía las cosas del mundo, pues éstas sólo pueden comprenderse verdaderamente a la luz de aquellas. Así pues, Platón no sólo no desprecia el mundo sensible sino que es el punto de partida y de llegada del método dialéctico.

- No está claro que Platón hable de una jerarquía de Ideas. Si en la República propone la Idea de Bien como Idea Suprema, en el Banquete es la Belleza la que ocupa el lugar preponderante, en el Parménides lo Uno, en el Sofista el Ser. Podemos concluir que la relación entre las Ideas que Platón claramente reconoce, no es la de estructura jerárquica, sino la de symplokés de Ideas que analizamos anteriormente.

- No hay razones para pensar que Platón afirmara que las Ideas son números. Son, eso sí, estructuras, symplokés de concepto que presentan proporciones correctas.

 

Para intentar comprender lo que, a nuestro juicio, Platón entiende por Ideas, vamos a proponer el ejemplo del triángulo rectángulo. Platón plantea tres niveles:

 

MORFÉ: forma externa de cualquier triángulo rectángulo de la realidad.

EIDOS: triángulo rectángulo ideal. No existe en el mundo real, visible, pues en él ni siquiera pueden trazarse tres líneas completamente rectas. Es una construcción mental y sólo existe como tal en nuestra mente. Es, en definitiva, el concepto universal de triángulo rectángulo, con relación al cual llamamos triángulos rectángulos a las cosas imperfectas del mundo sensible que presenten una estructura similar.

IDEA: no es sinónimo de concepto universal. Idea es una proporción correcta, una symploké de diversos conceptos (línea recta, ángulo, hipotenusa, cateto) que queda recogida en la fórmula h2=a2+b2.

 

Además de Ideas como la que acabo de analizar, cuya existencia nadie niega, Platón afirmaría también algo que para nosotros es más extraño: existen Ideas, por tanto proporciones correctas, symplokés de conceptos, de cosas tales como Justicia, Belleza, Bien, Virtud, Unidad, etc. Además podemos llegar a conocer su estructura del mismo modo que conocemos la del triángulo rectángulo.

 

 

 

Epígrafe 5: PLATÓN: EL ESTADO IDEAL

 

 

 

Como hemos venido diciendo, el punto de partida y de llegada de la filosofía platónica es de índole ético-político.

 

Los puntos 1 y 2, respectivamente, resumen su epistemología y su ontología, deben entenderse como una respuesta al problema ético-político que tiene ante sí.

 

En este punto analizaremos la teoría ético-política, presentada por Platón en la República en forma de propuesta de Estado Ideal. Si tenemos razón al afirmar la prioridad del proyecto ético-político que aquí se plantea, deberemos concluir que en la propuesta del Estado Ideal ejercita, pone a funcionar en la práctica, los resultados de su investigación en le terreno epistemológico y ontológico.

 

1. Alma y ciudad

 

El individuo griego es incomprensible fuera de la Polis. El hombre es social por naturaleza y sólo en la ciudad puede crecer como hombre y llevar a delante el proyecto de la vida feliz.

 

Una ciudad sólo es completamente justa cuando está compuesta por individuos justos y felices, del mismo modo que los individuos sólo pueden ser justos y felices en el marco de la ciudad justa. Así, el proyecto de la felicidad del individuo es inseparable del proyecto de la ciudad justa; alma y ciudad presentan una simetría total. El alma, dice Platón, tiene partes:

 

 

- parte apetitiva (epithymía), fuente de pasiones innobles, situada en el abdomen.

- parte irascible (thymós), fuente de pasiones nobles, situada en el tórax.

- parte racional (nous), inmortal, de naturaleza divina.

 

 

La felicidad y la justicia es la armonía entre las tres partes. Eso se consigue cuando el alma toma a la razón como guía de la vida. La parte racional debe gobernar, dirigir, controlar a las otras dos, pero sólo puede hacerlo sí, mediante el ejercicio filosófico, se dirige al conocimiento de las Ideas, pues sólo desde ellas la razón puede organizar la vida. Efectivamente, si las Ideas son objetivas y absolutamente verdaderas, sólo desde ellas podemos extraer criterios de organización de la vida válidos universalmente. Llegar a comprender, por ejemplo, la Idea de Justicia, nos permite deducir criterios para comportarnos justamente en cualquier situación.

 

Como el alma, la ciudad también tiene partes:

- los artesanos y labradores, parte de la ciudad equivalente a la parte más baja del alma, la apetitiva. Deben presentar la virtud que Platón llama sophrosyne (templanza).

 

- los guardianes, guerreros, defensores de la ciudad, equivalentes a la parte irascible del alma. La virtud que les corresponde es la andreía, fortaleza como valor.

- los gobernantes-filósofos, equivalentes a la parte racional del alma. Deben ser sabios y prudentes.

 

También aquí,  la justicia en la ciudad consiste en el equilibrio y la armonía entre las partes. Al igual que el alma, la ciudad se hace justa y feliz cuando elige como guía su parte racional, los gobernantes-filósofos, que ya han alcanzado el conocimiento de las Ideas, y pueden, desde ellas, extraer criterios de organización de la ciudad.

 

 

2. La organización del Estado Ideal

 

El Estado sirve para servir a las necesidades de los hombre, tanto las más primarias y básicas, como las específicamente humanas, la felicidad, la libertad, el crecimiento del individuo.  Para cubrir las necesidades primarias se requiere un adecuado planteamiento del trabajo, la producción y la redistribución de los productos. Para satisfacer el segundo tipo de necesidad, el Estado debe proporcionar fundamentalmente una educación integral al individuo.

 

Con esta intención el Estado Ideal constará de las tres grandes partes que vimos en el apartado a.

 

Los artesanos y campesinos desempeñan la función productiva de la ciudad. Deben cumplir justamente su función en la polis. Frente a los gobernantes y los guardianes, pueden conservar la propiedad privada y la familia, y el Estado debe proporcionarles una educación adecuada.

 

La función de los guardianes es la defensa de la ciudad. Deben recibir una educación en música y gimnasia que les haga fuertes y valientes. No les está permitida la propiedad privada, y deberán unirse a aquellas mujeres que les sean prescritas por los magistrados competentes. Los hijos que nazcan de estas relaciones se educaran conjuntamente.

 

Los gobernantes serán escogidos cuidadosamente entre los guardianes. No han de ser jóvenes (no menos de 50 años): deben ser los hombres mejores de su clase, inteligentes y fuertes, y que busquen los intereses públicos como si fuesen los propios. Deberán educarse primero en música, gimnasia, matemáticas, astronomía, como preludio introductorio al estudio de la filosofía. Los que después de estudiar y ser probados en la práctica manifiesten buenas cualidades, podrán ser gobernantes.

 

Mención especial merecen las mujeres, no porque constituyan una clase especial, sino por la novedosa consideración platónica: a las mujeres hay que educarlas como a los hombres. Aquellas sólo se diferencian de éstos en las funciones que desempeñan desde el punto de vista de la propagación de la especie, pero en lo demás son idénticas a los hombres. Pueden acceder a todas las funciones de la ciudad.

 

 

 

 


 

 

Otro enfoque de Platón:

 

 

Teoría del Conocimiento:

 

El conocimiento es el proceso por el cual el alma adquiere conocimiento de las Ideas, lo inmutable que se ofrece a través del mundo de las formas (de las apariencias). Para poder acceder al mundo de las Ideas, (el mundo de la episteme, según lo que se señala en la alegoría de la línea), es necesario que el alma, el lugar donde pueden residir nuestros verdaderos conocimientos, ha de tener una particular adherencia a las ideas. En el Fedón dice Platón que el alma pertenece al mundo de las ideas, que es movimiento, y que es eterna. Viene del mundo de las ideas, y a él vuelve una vez separada del cuerpo. (Esto es el mito, como veremos según lo que se puede leer en el Banquete).

 

El conocimiento es un método, un camino, algo parecido al modelo del poema de Parménides. El camino viene representado por Platón de diversas maneras:

 

Es un método de conocimiento en la República, con el mito de la caverna.

 

Es un método guiado por el amor en el Banquete, Fedro. El alma vuela y sale del cuerpo hacia el «lugar resplandeciente». (recuérdese el poema de Parménides)

 

Es un método que consiste en una preparación para la muerte, en el Fedón.

 

Los tres caminos, conocimiento, amor y muerte, son un mismo camino cuyo fin es llevar hacia afuera el alma, arriba, (Dios, verdad, nitidez). Este camino desde la oscuridad a la luz, que queda representado por el Fedón, Banquete, o República, en donde los sentidos se consideran precisamente como los argumentos de nuestra cárcel, sigue cuatro escalones o grados (según la alegoría de la línea: eikasía, pistis, noesis, episteme (o episteme, noesis que ya dice Platón que aquí las palabras no son tan importantes como lo que se quiere decir, cosa curiosa). Cuantro escalones en Banquete: Amor a los cuerpos bellos, amor a las almas, amor a las almas bellas, amor a la belleza en sí; aquello de lo que participan todas las almas bellas.

 

Este camino sólo se considera de ida y vuelta en la República y en Carta VII, donde dice que el camino hay que recorrerlo arriba y abajo, constantemente. En la República el esclavo vuelve otra vez para liberar a sus compañeros, etc.

 

En Banquete, Fedro, República aparece la figura del conductor, del guía, que en el Banquete queda identificado claramente con Sócrates. El guía, el tábano, el educador que orienta el proceso de aprendizaje y embellecimiento de las almas en su ... preparación para la muerte. El conductor aparece como un mediador: Eros, Hermes, Sócrates. Un educador que realiza la educación general del ciudadano. La Paideia.

 

Cuál es el fin del conocimiento: la eudemonía, el buen demon, la buena disposición del alma, el buen movimiento del alma, la perfecta preparación para la muerte. Contemplación de la belleza en el Banquete, y Fedro. Liberación de los esclavos en República. Sabiduría y muerte, eternidad y salvación, parecen conceptos afines en Platón. Ahora bien, ya en el Banquete, diálogo sobre el amor lleno de poetizaciones místicas se dice que la eternidad en el hombre, a través del amor se alcanza en el parto en la belleza, en el parto de cuerpos o de ideas, de obras bellas. La eternidad sólo se asienta en el recuerdo que los hombres guardan de los hombres. No más allá. El mundo de las ideas, el mundo al que se llega con la muerte no es otro que el mundo de los hombres donde el recuerdo de tu vida perdura en las obras que postergan y extienden tu existencia a través de su memoria. Memoria: en eso consiste el conocimiento en Platón. Y ¿dónde se guarda la memoria de los hombres? En el lenguaje. En la palabra, en el logos. Y ¿qué es el lógos? Es esencialmente movimiento, diálogo, por eso el alma es movimiento. El alma del hombre no es individual (salvo que el hombre hace un uso individual de un alma, un lógos común, al estilo de Heráclito). Así, cuando Sócrates está a punto de asumir su condena, se le oye decir en la Apología, las palabras que corresponden a un hombre verdaderamente sabio, al más sabio de los griegos según el oráculo:

 

«Es preciso que también vosotros, jueces, estéis llenos de esperanza con respecto a la muerte y tengáis en el ánimo esta sola verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni después de muerto, y que los dioses no se desentienden de sus dificultades.»

 

«no es difícil evitar la muerte, es mucho más dificil evitar la maldad»

 

Y: «El mayor bien para un hombre es precisamente este, tener conversaciones cada día acerca de la virtud y de los otros temas... una vida sin examen no tiene objeto vivirla para el hombre».

 

Y de la misma manera que la vida es una preparación para la muerte, los contenidos del filosofar, porque no se puede ser sabio, sino amante del saber, las ideas se desvanecen como el agua entre las manos y de estar en algún sítio, sin místicas, deben estar en el mismo mundo. Aunque sean tan imperecederas como algunas de las obras de los hombres: p.e. -(p&-p)

 

 

Teoría de las Ideas

 

PLATÓN

(Teoría de las ideas)

 

Idea, proviene del griego idea, semejante al concepto griego eidos, que significa forma, semblante, aspecto.

 

Platón construye su teoría sobre argumentos que encuentra en las ciencias ya constituidas por entonces, principalmente, la geometría y las matemáticas, que son portadoras de conceptos como igualdad, conmensurabilidad, etc. Que no hacen referencia a nada particular, pero de lo que participan diversas cosas, etc. Ningún sujeto particular equivale a su predicado general, por lo tanto, Platón encuentra así que debe existir una realidad independiente de lo particular, esta realidad es lo que llama idea.

 

En cierto sentido, la idea es un objeto de pensamiento. Aquello por lo que una cosa es lo que es: Lo igual lo será por la igualdad, etc. En Cármides, un diálogo de Platón podemos encontrar una referencia a las ideas en el siguiente sentido: Dos cosas tienen el mismo nombre porque son idénticas a la realidad universal.

 

En Fedón encontramos una explicación sistemática de la teoría de las ideas:

 

Las cosas se parecen a ideas  y nos las recuerdan, se dice allí. Las cosas intentan imitar  a las ideas.  Cuando las ideas están presentes siempre hablamos de propiedades, cuando no están siempre presentes hablamos de accidentes.

 

En Fedón se dice:

 

Primero, que existen ideas.

Segundo, que son contempladas antes del nacimiento (También en Menon).

Tercero, que son permanentes, únicas y eternas.

También, que se distinguen del mundo aparente.


Corolarios:

 

Nada particular puede explicarse por sí mismo.

Todo debe situarse dentro de la clase a la que pertenece para poder ser conocido.

Deben estudiarse primero las cualidades comunes a los otros miembros de su clase.

Éstas cualidades comunes son las Ideas.

Las Formas están en las cosas: Primero, como propiedades. Segundo, como accidentes.

Las Formas contrarias no pueden darse en el mismo individuo como propiedades. Este último corolario es fundamental en la filosofía platónica porque significa que no todo puede estar relacionado con todo, que es la fórmula de lo que Platón llamó en Sofista , el principio de Symploké.  Por ello también, es necesario afirmar ya desde ahora el carácter pluralista de la ontología platónica contra lo que se suele afirmar.

 

En República I, dice: “cada una de ellas, en sí misma es una, pero parece ser múltiple, porque aparece por doquier asociada a acciones y a cuerpos y a las demás formas”. En este mismo libro, se dice que el Filósofo conoce el Bien, pero ¿qué es? Podemos decir que a pesar de su pluralismo, existe una gradación entre las ideas: La primera idea es el bien, la Belleza (Banquete).

 

De hecho, se suele decir que la teoría de las ideas de Platón llega a su plenitud en República.

 

Por ser la idea el conjunto de las características comunes de todos aquellos sujetos a los cuales es aplicable un mismo predicado, la Idea es una entidad lógica (Fedro y desarrollado en Sofista). Según esto, habrá tantas formas como predicados generales (Realidades metafísicas).

 

En Sofista y Parménides, el método dialéctico se presenta como clasificación correcta de las cosas en clases (ideas). Disección practicada en las articulaciones, como el buen carnicero. Separar y reunir los elementos bajo una misma idea (división diaíresis, unión sinagogai).

 

En Parménides, comienza a ponerse en duda mucho de lo afirmado en diálogos anteriores. Se produce una discusión sobre la teoría de las ideas. Primero Zenón argumenta contra la pluralidad. Segundo, Sócrates propone la teoría de las ideas. Ideas que son únicas aun siendo múltiples. Se clasifican: Ideas de relación: lo grande, lo pequeño, lo idéntico, lo diferente. Ideas morales: Lo bueno, lo bello. Ideas de Objetos: Hombre, caballo. Tercero, critica Parménides: Primero, cómo es posible que se den en distintos objetos y mantengan su unidad. Por ejemplo, el hombre participa de la idea de hombre, pero también de la idea de igualdad, de la idea de diferencia, etc. Segundo, se pregunta Parménides si las cosas tienen partes. Tercero, las cosas grandes participarán de la idea de lo grande, pero deberá existir entonces una idea de aquello grande de lo que participan tanto la idea como la cosa grande, etc., en un argumento que supone la postulación de infinitas ideas.

 

Sócrates responde diciendo que las ideas son como Noemas (conceptos) en nuestra mente y no en las cosas. Pero si las ideas no pertenecen al mundo, están separadas y no habrá conexión con ellas, ni por tanto conocimiento.

 

Así, tenemos por ahora que: Primero  no se consideran las idas como entidades materiales. Segundo, se produce el argumento del tercer hombre que Aristóteles desarrollará. Tercero, las relaciones entre las ideas y el mundo son más que dudosa: Esta relación se había propuesto como reminiscencia en Menón, Fedón, y Fedro. Posteriormente, se había propuesto como fruto del conocimiento intelectual en Fedón y República. En Banquete y Fedro será más bien Eros el mediador, que ejerce las funciones de alma.

 

En la segunda parte de Parménides se realizan una serie de deducciones de contradicciones a partir de los supuestos implícitos en las ideas, ser, uno, múltiple: todo conduce a conclusiones de este tipo.  Como si de la idea de semejanza pudiera decirse que es desemejante, por ejemplo desemejante de la idea de hombre, etc.

 

Parménides, un diálogo escrito por Platón echa por tierra prácticamente, toda la teoría de las ideas como se configuró en la primera etapa de la obra platónica. En esta crítica, se sigue después la crítica de otro diálogo, Teeteto, en el que se niega sin embargo, el conocimiento como fruto de la percepción sensible. Se produce además una digresión de la diferencia enter el retórico y el filósofo.

 

En Sofista se propone el Método de lógico de clasificación de las cosas.

 

Un extranjero desarrolla seis ejercicios de método para definir al sofista.  Método que debe buscar la esencia de una cosa (el sofista en este caso) mediante la división en clases naturales de características comunes.

 

Contra la crítica de Parménides, propone Platón la diferencia entre ser como cópula (donde el no ser existe), y el ser como existencia, donde el no ser no existe. Contra la separación parmenídea entre ideas y Mundo, entre Ser y no ser, propone Platón cómo explicar la diferencia entre el mundo inmóvil y el devenir. La actividad de las ideas es la kinesis, tratando de conciliar las dos cosas, lo móvil y lo inmóvil (problema planteado ya desde Parménides y Heráclito):

 

Primero, las ideas no existen aisladamente. Pero no todas están relacionadas entre sí. Pues con ello todo se identificaría con todo, y cualquier predicado podría aplicarse a cualquier sujeto y no podría haber ley objetiva en el universo. Las ideas perderían su significación. Algunas ser relaciones entre sí, y otras en absoluto.

 

 La dialéctica es el arte de clasificar las cosas de acuerdo con las ideas no tomando equivocadamente a la misma forma por otra diferente ni a una diferente por la misma. 

 

El Extranjero toma cinco ideas como ejemplos: Ser, Reposo, Movimiento, Identidad, Diferencia).

 

El Ser se combina con todas pues de todas se dice que son: Realidad suprema lógicamente. A su vez, cada una es igual a sí misma y diferente de las otras. No es las otras. Cada una de las formas contiene cierta cantidad de ser junto a una cantidad infinita de no ser, dice Platón. Por tanto, hay movimiento en las ideas. Lo que las hace, según Platón, semejantes a los dioses, puesto que movimiento, alma y vida tienen un puesto en el mundo suprasensible.