HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

IES ROSARIO DE ACUÑA


 

 

 

 

 

LOS SISTEMAS FILOSÓFICOS DEL HELENISMO

 

1.  Introducción: contexto histórico

 

            Los historiadores suelen enmarcar el helenismo entre dos fechas: 323 a.n.e., fecha de la muerte de Alejandro Magno, y 30 a.n.e., cuando, tras la derrota de Marco Antonio y Cleopatra, Octavio incorpora al Imperio Romano el último reino helenístico (Egipto). Sin embargo, desde el punto de vista cultural, el helenismo se prolonga hasta el siglo III.

 

            El término "helenismo" significa "hablar griego" o "actuar como griego". Fue la lengua la portadora de las ideas y modos civilizadores de Grecia, que se expandieron por toda la amplia zona atravesada por las tropas de Alejandro. Este, al ir fundando ciudades, procuró la fusión de lo griego y lo bárbaro en una unidad civilizadora superior. Intentó superar las habituales barreras de raza y de tradiciones locales para unir a todas las gentes en una comunidad superior (ecumene) con los ideales educativos griegos.

 

            La lengua común, koiné, sirvió a la expansión del espíritu griego. Con la ayuda de esta lengua todo el mundo podía asimilar la educación griega mediante la lectura de los poetas helénicos y de los demás escritores, o asistiendo a las escuelas de retórica o de filosofía que existían en muchas ciudades. Lo que ahora diversifica a los hombres no es ya la raza o la sangre, sino el hecho de participar o no de la civilización común. No se es griego o bárbaro; se es, o no se es, civilizado. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la aceptación de rasgos nuevos, distintos a lo griego, es característica de este período de síntesis.

 

            Con la expansión del helenismo, las nuevas monarquías rompieron los límites de las ciudades‑estado (polis) como marco de organización política. Siendo ahora el individuo parte de una comunidad más amplia, su papel como ciudadano era menos urgente, menos necesario. La ciudad había perdido definitivamente su autosuficiencia (autarquía), tanto desde el punto de vista político como económico. Con ello, la solidaridad entre los miembros (libres) de la ciudad, se resquebrajó, al tiempo que aumentaban las luchas entre los pobres, cada vez más abandonados a la miseria, y los ricos, así como la desconfianza general frente a los siervos, los mercenarios y los desposeídos de tierras, fortuna y patria, cada día más numerosos.

   

            De todos modos, la crisis de la ciudad no nace en época de Alejandro, sino mucho antes. Platón, con su República, no hace más que  intentar salvar la ciudad construyendo su modelo ideal. Aristóteles creía que sólo una bestia o un dios puede vivir fuera de los límites de una ciudad. En cambio, para los filósofos del helenismo, se puede ser feliz viviendo al margen de la colectividad cívica. Por eso el sabio es un "cosmopolita". Sus deberes no son para tal o cual Estado, sino los propios de cualquier ser humano, miembro de una ciudad sin fronteras, sin clases ni compromisos de grupo.

                                   

            Ahora bien, las filosofías de esta época tratan de recuperar para el individuo lo que ha perdido la ciudad: la autosuficiencia como libertad de decisión y acción. Por eso se proclaman como caminos para la salvación individual.

   

            El carácter sistemático y la finalidad ética, son dos rasgos esenciales de las filosofías helenísticas. Al proponerse como caminos de salvación con una finalidad pragmática (la de procurar la libertad y la serenidad de ánimo del individuo), es necesario asegurar la coherencia interna del sistema filosófico en su conjunto, sin necesidad de apoyos externos. El tipo ideal de pensador no es el indagador, sino el sabio, libre, autárquico y feliz.

   

            En este momento crucial en que las estructuras políticas tradicionales se resquebrajan, y con ellas la fe en las normas habituales de convivencia, el individuo se encuentra solo, extraño en su ciudad y despojado de los dioses que envolvían a sus antepasados en un marco seguro y protector. La muerte de la polis es también la muerte del ciudadano como modelo global de concebir la existencia humana. Ante un mundo mucho más amplio e ignorado, azaroso y hostil, la filosofía asume un papel peculiar: buscar y proponer, en esa realidad que se ha vuelto extraña al hombre, un fin a su existencia

 

2. EPICUREISMO

 

            El fundador, Epicuro (341‑270), nació en Samos. Estuvo un tiempo  en Atenas donde conoció las teorías de la Academia y probablemente las de Aristóteles. Viaja a Teos donde recibe la fuerte influencia de las doctrinas de Demócrito. Vuelve a Atenas en el 306 y funda su escuela. El ambiente es poco formal, siendo más un grupo de amigos reunidos bajo unos principios y forma de vida común, procedentes de todas las clases sociales (incluidas mujeres y esclavos), y apartados de toda actividad política. Escritor prolífico, pero sólo se conservan 3 cartas (fundamental la lectura de la "Carta a Meneceo") y otros fragmentos muy incompletos.

            Se completa la reconstrucción de sus teorías por los testimonios de discípulos, el más importante de ellos, el poeta latino Lucrecio (95‑51) con su obra "De rerum natura".

 

             Se ha definido la filosofía de Epicuro como una "...mezcla de terco empirismo, metafísica especulativa y reglas para alcanzar una vida sosegada" (Long, 30). Aquí se resume el sistema de conjunto, que empieza por una teoría empirista del conocimiento, sigue una metafísica que no es otra cosa que una reconstrucción del atomismo antiguo, y todo ello confluye en la ética como conjunto de principios para garantizar una vida feliz y sosegada. Nos detendremos brevemente en cada uno de estos apartados:

        

a) Teoría del conocimiento.

 

            El conocimiento se inicia tomando como base la percepción sensorial, las sensaciones. Entiende por tales el resultado de recibir los efluvios de átomos exteriores a los objetos. Si en el tránsito no sufren modificación, estos efluvios darán cuenta de lo que es el objeto. Si sufren variación, habrá información errónea sobre los objetos. Por eso añade que el primer nivel de conocimiento se produce cuando atendemos a las sensaciones que son claras y vivas (sin precisar, por oposición a lo que es confuso y borroso; quizá intervenga la distancia, la cantidad de luz...).

   

            Esto no es suficiente; para que haya conocimiento las sensaciones deben ser clasificadas. Por eso introduce lo que el llama "preconceptos", que son imágenes mentales generales producidas por repetidas impresiones sensoriales, claras y semejantes en su clase. Perduran tras haber cesado las sensaciones particulares y constituyen el registro de nuestra experiencia del mundo. Son, por tanto, el fundamento de nuestro lenguaje y nuestros juicios sobre las cosas. Por fin, son lo que orienta nuestras nuevas experiencias, permiten clasificar las nuevas sensaciones que vamos recibiendo.

 

                        Sin embargo, más allá de esta teoría empirista, parece admitir otro nivel de conocimiento, aquel que de forma más libre proyecta el entendimiento, con tal de que dé cuenta de hechos y no sea contradictorio con la experiencia. Esto salvará la validez de su teoría atomista, que obviamente no parte de las percepciones sensoriales.

 

b) Estructura de la realidad: los átomos.

 

            Siguiendo a Demócrito, afirma Epicuro que "todo consiste en átomos y vacío", y que este todo es infinito. Nada nace de la nada. Dado que el número de átomos es infinito y lo mismo el vacío, existen infinito número de mundos que nacen y mueren, pero el todo es eterno.

   

            La gran novedad es el peso como propiedad de los átomos, que es la causa del movimiento de caída de los átomos en el vacío. Pero los átomos pueden desviarse espontáneamente (clinamen) de la línea recta de caída, produciendo choques entre ellos. Esta tesis permite al epicureísmo escapar al determinismo que entrañaba el sistema mecánico de Demócrito (aunque sigue siendo mecanicista), y salvar así la posibilidad de la libertad humana.

   

            El alma es material y mortal  y consiste en un conjunto de átomos sutiles distribuidos por todo el cuerpo. Puesto que no puede existir independientemente del cuerpo, es mortal y muere con el cuerpo.

   

            Curiosamente, Epicuro admite la existencia de los dioses, a los que considera inmortales, si bien materiales. Viven en los intermundos, felices, en calma, libres de toda preocupación (veremos después que algo así es el ideal del hombre feliz), y desde luego, en absoluto providentes o preocupados por los asuntos humanos. Con esta visión pretende eliminar los mitos y las supersticiones populares, así como ciertas construcciones teóricas como las de Platón. Los dioses no deben asustarnos por sus castigos o venganzas, ni los fenómenos de la naturaleza deben provocar reacciones religiosas, pues son explicables por simples causas naturales, no por la acción de los dioses. Vemos cómo su visión de la realidad busca al final facilitar la vida feliz del hombre: "...el mayor dolor es la turbación mental producida por falsas creencias acerca de la naturaleza de las cosas, acerca de los dioses, acerca del destino del alma" (Long, 72).

 

c) La ética.

   

            Su ética es hedonista,  en cuanto identifica la felicidad, el bien del hombre, con el placer. La bondad del placer no requiere demostración, es algo innato en todos los seres vivos: todos persiguen el placer y evitan el dolor.

   

            Placer y dolor son contradictorios, la presencia de uno significa la ausencia del otro. No hay término medio. Por eso Epicuro define el placer como ausencia de dolor: es la  ataraxia o imperturbabilidad. Llama placer en movimiento al proceso de eliminación del dolor (comer cuando se siente la picazón del hambre), que acaba en sensaciones placenteras (saciado el hambre), y el placer en reposo, que consiste en el estado así conseguido.

            Un cálculo racional nos hace preferir los segundos, por su mayor duración. De ahí que el ideal sea llevar una vida sencilla, para evitar el dolor de no poder satisfacer deseos con medios desproporcionados. La moderación favorece la paz mental. Deben, pues distinguirse entre los placeres naturales y necesarios, los naturales y no necesarios y los vanos (ni naturales ni necesarios). Ceñirse a los primeros, sin buscar añadidos superfluos, es la garantía de la felicidad del hombre.

 

                        Y entre los placeres en reposo son preferibles los placeres espirituales, pues no se agotan con la sensación inmediata, sino que se retienen en la memoria y se anticipan por la imaginación. Cuando Epicuro muere en medio de grandes sufrimientos siente compensado ese dolor por el placer de recordar pasadas conversaciones filosóficas.   

  

            Todo parece convertirse en ascetismo, sosiego, autosuficiencia individualista. Los nuevos estados han destruido la autonomía de la polis, pero no la fortaleza interior del sabio. Esto justifica su vida retirada de la política, llena de sobresaltos, compensada con la convivencia amistosa de un reducido grupo. Elogia enormemente la amistad, pero en realidad se basa siempre en el cálculo del propio interés. Lo mismo que la justicia no es algo en sí (Platón), sino un pacto mutuo de no dañar ni ser dañado, (además la injusticia perturba el sosiego mental por miedo a ser descubierto), lo mismo la amistad, tiene valor en tanto reporta beneficios mutuos a quienes la practican.

 

 

3.  ESTOICISMO.

 

    El fundador del estoicismo fue Zenón de Citio, Chipre (336‑264). En el 306 abrió en Atenas una escuela en un lugar llamado "Pórtico pintado", de donde le viene el nombre Stoa. Junto con sus sucesores, Cleantes y Crisipo (sistematizador de la doctrina estoica), forman el que se conoce como estoicismo antiguo. En el estoicismo medio destacan Panecio de Rodas y Posidonio de Apamea. Por último, el estoicismo de la época imperial, con Séneca (tutor de Nerón), Epícteto (antiguo esclavo) y Marco Aurelio (emperador); curiosa mezcla.

            El estoicismo se presenta inicialmente como continuación de la doctrina cínica, que no busca la ciencia, sino la felicidad a través de la virtud. Pero a diferencia de los cínicos, consideran que para alcanzar la felicidad y la virtud es necesaria la ciencia (más tarde, no todos los estoicos estarán de acuerdo). Por tanto, como en el epicureismo, todo va a confluir en la ética, pero asentada en el conocimiento, que abarca la lógica y la física.

 

 

a) La lógica.

 

            Por su complejidad nos ocuparemos poco de ella. Incluye tanto una lógica formal como una teoría del conocimiento. Sólo sobre ésta última diremos algo más.

   

            Su teoría del conocimiento es sensista, pues las impresiones sensibles preceden al pensamiento. Llaman "representación cataléptica" a una impresión sensorial clara y distinta, que corresponde a algo que existe y que, por su evidencia, incluye el asentimiento del sujeto que conoce.  El conocimiento será una elaboración posterior de la razón que llega a los conceptos universales, pero siempre a partir del material que ofrecen los sentidos.

 

b) La física.

 

            El concepto fundamental de la física estoica es el de un orden inmutable, racional, perfecto y necesario que dirige todas la cosas y las hace ser y conservarse como son. Identifican este orden con Dios, por lo que su doctrina es panteista.

   

            Sustituyen las cuatro causas aristotélicas por dos principios corpóreos e inseparables entre sí: el principio pasivo es la materia inerte. El principio activo es la razón (logos), Dios que, actuando sobre la materia, produce cada uno de los seres. Como razón cósmica y causa de todo, no deja de ser cuerpo, en concreto, fuego, pero no el fuego que nosotros conocemos, destructor, sino una especie de soplo cálido que  alimenta  y hace crecer todo. Se le llama también razón seminal (logos spermatikós) del mundo, por cuanto contiene en sí las razones seminales de las cuales salen todas las cosas. Así como las partes del ser viviente nacen todas de una misma semilla, así también cualquier parte del universo nace de una semilla racional propia, o razón seminal.

   

            No existen más que individuos concretos, todos diferentes. Lo universal carece de realidad. Pero aunque no hay más que individuos, todos están ligados entre sí y el mundo es una completa armonía. De ahí el optimismo estoico, para el que no tiene sentido hablar de mal en el mundo, salvo por la estrechez de perspectiva desde la que el hombre lo contempla muchas veces (véase, esclavo y emperador, ambos estoicos).

   

            La vida del mundo es cíclica. Tras un largo período de tiempo (Gran Año) el fuego provoca una conflagración universal que termina con todos los seres y se inicia otro ciclo cósmico, idéntico en orden al anterior (de nuevo Sócrates, Platón... la filosofía). Una afirmación que parece reflejar de nuevo una optimista afirmación de la vida y del orden del mundo. Y este ciclo se repite eternamente.

   

            Este es el destino, la ley necesaria que rige las cosas. Todo hecho sucede a otro y está necesariamente determinado por él como causa. Es el orden racional del cosmos que, visto desde las cosas, es destino, y visto desde Dios, es providencia. En definitiva, destino, providencia y razón se identifican con Dios.

   

c) Ética.

 

            Los estoicos extraen conclusiones éticas a partir de su concepción de la naturaleza. El principio fundamental de actuación es "vivir conforme a la naturaleza" (acuñado por Cleantes). El hombre es una parte del universo y obedece sus leyes inexorables, si no de grado, por fuerza. Quien se resiste al destino lo único que consigue es padecerlo.

   

            Por eso, la única actitud inteligente y racional es la aceptación del destino. Por eso proponen los estoicos como ideal la "apatía" (apatheia) o impasibilidad. El hombre virtuoso no se ve perturbado ni por el éxito ni por el fracaso. No siente piedad, ni pena, sino que acepta todo lo que sucede sin dejarse dominar por las pasiones. Ni el deseo, ni el temor, ni el arrepentimiento caben en el espíritu ecuánime e impasible del sabio estoico.

   

            Las pasiones que dominan a los hombres son fruto de la ignorancia, deseos ilusorios que desaparecen al comprender el orden perfecto del  cosmos. Dado que conciben la razón del hombre como una participación del logos universal, el sabio vive conforme a su naturaleza racional cuando entiende este sentido global del universo, desde cuya perspectiva nada es perjudicial, todo es necesario, hasta el sufrimiento y la muerte.

   

            Los estoicos hacen una peculiar identificación de libertad con necesidad, o destino. Sólo el sabio elige oportunamente, porque solo él está "libre" de ofuscaciones, de ignorancia y de pasiones. No se trata de libertad de acción, puesto que todo está  determinado, sino de una forma de liberación interna, la del que es consciente de sus determinaciones y las acepta; la del que comprende que cambiar el curso del mundo es un capricho inútil. Libertad es comprender la necesidad y la habilidad o prudencia de ajustar nuestras acciones al curso racional de las cosas.

   

            Frente a la retirada epicúrea del mundo de la política, los estoicos propugnan una intensa participación en la vida política, pues en la política se juega el destino del cosmos, al que se sienten vinculados. Su teoría política era muy crítica para la situación del momento: supresión de las instituciones fundamentales, como el dinero, la familia, las herencias, como factores de división social. Por naturaleza, todos los hombres, mujeres,  bárbaros, esclavos... son iguales, por participar del mismo logos. Todos tenemos los mismos derechos naturales, pues somos ciudadanos del mismo mundo. Estamos destinados a formar una sociedad universal. Es su respuesta a la nueva situación política creada por el helenismo.  

 

4. ESCEPTICISMO.

 

            El fundador del escepticismo antiguo fue Pirrón de Elis (365‑275 a.n.e.). El escepticismo medio fue introducido en la Academia platónica por Arcesilao (315‑241) y Carnéades (214‑129). El escepticismo nuevo está representado por Enesidemo (I, n) y Sexto Empírico (III, n), autor de los "Esbozos paranoicas" y de un alegato "Contra los matemáticos".

   

            Escepticismo proviene de "sképsis", que significa examen atento, indagación, observación desconfiada y recelosa. El punto de partida del escepticismo es, según Sexto Empírico, es el intento de liberarse de la inquietud. Esto condujo a ciertos hombres a buscar un criterio de referencia para fijar lo que es verdadero y lo que es falso. Parece que fracasaron en esta búsqueda, pero, aunque fuera por azar, consiguieron lo que buscaban, la liberación de la inquietud mediante la suspensión del juicio, epojé. Expliquémoslo brevemente: los escépticos toman conciencia clara de las capacidades cognitivas del hombre. Estas limitaciones se revelan en los siguientes argumentos:

 

    ‑ El conocimiento sensible no es seguro. Los sentidos nos engañan a veces y quizá lo hagan siempre. No nos informan sobre la realidad de las cosas, sino, a lo sumo, proporcionan simples apariencias. Habría que tener en cuenta el mundo de los sueños, alucinaciones, ilusiones... que a veces confundimos con la realidad. Recurriendo a la tradición filosófica, al menos  Parménides y Platón lo descalificaron como fuente de conocimiento verdadero.

 

    ‑ La razón tampoco llega a la verdad. A toda afirmación puede oponerse la contraria, sin que haya criterio para decidirse por ninguna. Los sofistas eran maestros en defender una tesis y su contraria.

 

    ‑ Hay diversidad de escuelas. Los filósofos, las escuelas, los sistemas discrepan entre sí. A unos mismos problemas se dan soluciones diversas y hasta excluyentes. )A cuál atenerse, cuál elegir?

    ‑ El lenguaje como medio de comunicación no es adecuado para transmitir fielmente los sentimientos, percepciones ni pensamientos. Estos son intransferibles, son totalmente subjetivos, como ya había apuntado Gorgias el sofista.

 

            Todo ello lleva a los escépticos a la suspensión de juicio o epojé. El escéptico ni afirma ni niega, se abstiene de formular juicios que pretendan ser verdaderos o falsos. A lo sumo emite juicios relativos a su parecer, particular y subjetivo, pero sin pretensión de objetividad. El escéptico se libera así de toda servidumbre a escuela, doctrina, sistema, secta, autoridad... Tampoco tiene nada que enseñar (Pirrón, siendo consecuente, parece que no dejó nada escrito).

   

            Que el conocimiento sea imposible no impide la felicidad. Si los epicúreos y estoicos creyeron indispensable una imagen del universo adecuada para conseguir la felicidad, ellos sostienen que la epojé crea en el espíritu las condiciones adecuadas para la felicidad: paz, sosiego, tranquilidad, imperturbabilidad (ataraxia).

   

            Esta epojé intelectual se combina con un criterio de probabilidad para la vida práctica. El hombre debe vivir, decir, actuar, guiándose por lo probable, verosímil, plausible. El escéptico no tiene inconveniente en seguir la ley y la costumbre, pues en ningún caso pretende actuar de acuerdo con la verdad absoluta. Hay algo así como una sustitución del criterio de verdad por un principio de utilidad.  El escepticismo se levanta contra las actitudes demasiado optimistas de escuelas y autores  que dan fácilmente por hecho el logro de doctrinas verdaderas. Tiene una especial y fundada sensibilidad para la complejidad de los problemas de la ciencia y la filosofía, y para los límites que el hombre encuentra en su resolución. Nos recuerda machaconamente que la filosofía, el saber en general, es búsqueda más que hallazgo, deseo más que logro, pues la verdad es inalcanzable para nosotros.