HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

IES ROSARIO DE ACUÑA


 

 

 

 

 

PROTÁGORAS Y SÓCRATES: ÉTICA Y POLÍTICA.

 

1. La cuestión del "Giro Antropológico".

 

Desde mediados del Siglo V hasta el final del IV, el centro de la actividad económica y cultural griega se desplaza de las colonias hacia Atenas. En este momento se produce lo que la interpretación tradicional ha dado en llamar el "Giro Antropológico". Con esta expresión se quiere decir que la filosofía presocrática, perdida en especulaciones cosmológicas, adolece de un proverbial desinterés por el hombre. Con los sofistas y con Sócrates, la filosofía regresa al ser humano que ocupa la mayor atención de la filosofía.

 

Desde luego la tesis presocrática de la Unidad metafísica de la Physis queda definitivamente fracturada. Se sustentaba, como vimos, en una visión del cosmos como algo continuo, único, que contiene tanto lo que ahora entendemos por realidades físicas como las humanas. Con los sofistas se produce la separación de ambos aspectos: la oposición Physis/Nomos.

 

El término "Nomos" se refiere al conjunto de las producciones humanas (lenguaje, instituciones políticas y sociales, técnicas, religiones...), caracterizadas por su contingencia, es decir, que pueden ser pactadas de nuevo o transformadas, que no son eternas, en definitiva, que pueden cambiarse al arbitrio de los hombres.

 

Al contrario, el término "Physis" pasa a denotar exclusivamente las realidades naturales que no pueden transformarse ni ser objeto de pacto, que son reguladas por leyes universales y necesarias.

 

 

2. Características generales de los Sofistas.

 

Desde mediados del Siglo V hasta el final del IV, fue notable la influencia del pensamiento sofístico en toda Grecia y en especial en Atenas. Antes de pasar a estudiar a Protágoras (junto con Gorgias, máximo representante del pensamiento sofístico) vamos a detenernos en las características generales de los Sofistas.

 

a) Preocupación por problemas ético-políticos (política, moral, educación, religión, lenguaje...). Esta motivación práctica no nace espontáneamente, sino como respuesta a una necesidad de la ciudad. En efecto, la victoria sobre los persas inaugura en Atenas un movimiento de esplendor político y económico. Asimismo, la vida democrática es intensa (participación en el ágora, ante los tribunales...). El éxito de cualquier ciudadano dependía de sus cualidades oratorias, de su capacidad para convencer en el ágora o ante un tribunal.

 

La educación tradicional no cubría estas nuevas necesidades generadas por la práctica democrática. Las familias adineradas se veían obligadas a pagar a los sofistas, consumados maestros de la retórica y la oratoria, para proporcionar a los jóvenes una educación que les asegurara el éxito en la polis. Es necesario recordar que no existía la figura de abogado, de modo que los ciudadanos tenían que defenderse ellos mismos en los pleitos, con la consiguiente necesidad de dominar a la perfección la capacidad de convencer mediante el lenguaje.

 

Los sofistas son, pues, maestros de Logos, expertos en gramática, oratoria y retórica. Exploran las posibilidades del Logos, del discurso, no para llegar a la verdad, sino para conseguir apariencia de verdad y capacidad de convencer. Inauguran, por consiguiente, la consideración del lenguaje como instrumento que aún hoy conserva un protagonismo esencial en el funcionamiento democrático.

 

b) Pensamiento escéptico y relativista. Efectivamente, una constante del pensamiento sofístico es la negativa a conceder validez universal a los valores o normas que rigen el comportamiento de los hombres. Las causas de ese relativismo son complejas, pero tal vez las más importantes sean estas:

 

i. En su mayoría ni son de Atenas ni son aristócratas, de modo que, al menos al principio, ni su pensamiento ni su actividad política se ven en modo alguno atados al pasado o a las tradiciones de la ciudad.

 

ii. Con las federaciones entre ciudades y el esplendor económico se viaja y se conocen otras culturas con diferentes tradiciones, costumbres, religiones, instituciones... Esto conlleva necesariamente relativizar las propias, empezar a pensarlas no como universalmente necesarias, sino como convencionales, fruto del pacto o de la utilidad para cada grupo humano.

 

iii. Además, el momento de esplendor de la democracia coincide, como es natural, con el inicio de su crisis. Consolidado el modelo, surgen los primeros planteamientos críticos. La racionalidad filosófica, producto de la democracia, lo analiza todo, incluido el propio modelo político que le dio sustento y empiezan a surgir las primeras controversias: ¿hasta dónde puede llegar el poder de la Polis sobre el individuo?, ¿qué se esconde realmente bajo el principio de la isonomía democrática? Para la aristocracia tradicional los dioses eran el surtidor de normas de conducta para los hombres. Para la democracia ese papel lo asumía la ciudad pero, ¿pueden los dioses o la ciudad limitar tan tajantemente la acción humana? En la postura más radical (que no es, por cierto, la de Protágoras) la respuesta a esa pregunta es rotunda: el hombre no debe obedecer a ningún principio externo a él ni guiarse por ninguna meta externa al propio individuo.

 

 

3. Los contenidos ético-políticos del pensamiento de Protágoras.(481-401 a.n.e.)      

               

                Nace en Abdera, donde conoce y es influido por el escepticismo de Demócrito. Viaja a Atenas y entabla relación con Pericles, quien la encarga la educación de sus hijos e incluso la constitución de Turios, colonia ateniense en el sur de Italia. Cuando Pericles cae, también lo hace su equipo, entre cuyos miembros se encuentra el propio Protágoras que, acusado de "asebeia" (no respetar a los dioses de la ciudad), tiene que huir a Sicilia.

 

                En lo que se refiere al contenido ético-político de su pensamiento podríamos destacar tres ideas:

 

i. Relatividad de los valores éticos y de los criterios de organización política. Esta es su doctrina más conocida. Protágoras la expone en la primera frase (única conservada) de su libro Verdad o discursos demoledores:

                "El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son".

 

                Esta frase encierra una teoría del conocimiento relativista y escéptica por cuanto que ninguna cualidad de las cosas es real y verdadera en sí misma. Lo que es hermoso para algunos es feo para otros y lo mismo para las demás sensaciones, de modo que la única verdad, la única realidad, el único ser es lo que el hombre considere como tal.

 

                Más interesantes son las implicaciones ético políticas de la frase: los valores éticos, las formas de organización política, las instituciones sociopolíticas, los tabúes..., son justos o injustos, buenos o malos, según la costumbre del grupo humano donde funcionan. Para Egipcios y Persas, dice Eurípides, el incesto no les parece vergonzoso, pero para los griegos es el peor de los pecados. Que el hombre sea la medida de todas las cosas quiere decir que no hay nada que fundamente más allá del propio espacio humano la bondad o la maldad de los diferentes valores y costumbres de los pueblos. No hay disposiciones o mandatos divinos que orienten universalmente la conducta humana. Lo justo o lo injusto no emana de alguna ley inexorable de la Physis, sino del Nomos, de la costumbre, del pacto o de la utilidad para un grupo humano concreto. 

 

ii. Crítica a la religión de la ciudad. En su libro Acerca de los dioses afirma:

 

"Acerca de los dioses no puedo saber si existen o no, ni cual es su forma y naturaleza. Pues hay muchos obstáculos en esta investigación, tanto la falta de claridad del asunto como la brevedad de la vida del hombre."

                                

Lo que parece una declaración de agnosticismo prudente no debió de ser tan inocente, pues le costó la acusación de impiedad y la expulsión de Atenas. Más bien, creemos, se trata de una verdadera negación de los dioses, pues si, relacionando esta idea con la anterior, el hombre es la medida de todas las cosas, entonces lo que no es objeto de percepción por el hombre, no existe en absoluto, por tanto, no existe un recinto absoluto situado fuera de los fenómenos mundanos que legitime el funcionamiento ético y político de las personas o de los pueblos.

 

 

iii. El Estado es fruto del pacto. Esta idea aparece en el discurso "Acerca del Estado primitivo" que recoge Platón en su diálogo Protágoras. Allí se dice que no hay dioses promotores de la civilización. Antes bien, la organización política surge en un proceso evolutivo ante la necesidad que tiene el débil individuo humano de defenderse de las fieras. En el primer modelo de agrupamiento rige simplemente el instinto de conservación, pero la situación de caos que ello provoca obliga a pactar leyes para la comunidad. Lenguaje, y religión aparecen también en el relato como configuraciones culturales de carácter político encaminadas a hacer óptimo el funcionamiento del grupo.

 

 

4. Los contenidos ético políticos del pensamiento de Sócrates.(470-399 a.n.e.)

 

                Sócrates es un personaje problemático. En realidad no escribió nada y, por tanto, no sabemos con exactitud cuáles fueron sus enseñanzas filosóficas. Jenofonte, Aristóteles y Platón nos dan versiones diferentes de su posición filosófica y política. En cualquier caso, lo que es indudable es que Sócrates es fundamentalmente un personaje de los diálogos platónicos y aunque es difícil saber qué hay de Platón y qué hay de Sócrates en ellos, vamos a presentar algún rasgo que con bastante probabilidad pueda deberse a Sócrates.

 

Comparte con los sofistas el interés específico por los asuntos de índole ético-político y la actitud crítica respecto del orden y las costumbres tradicionales en la religión, el estado y la sociedad. Pero los sofistas habían trazado un panorama desolador del hombre;  no existen normas de conducta fijas, universalmente válidas y objetivas. La virtud, la valentía, el bien, la belleza, la justicia y todos los demás valores no son más que lo que cada uno cree que son. En un mundo así el hombre está completamente desorientado y sólo. ¿A partir de qué criterio puede organizar su vida?, ¿cómo puede llevar a cabo el proyecto de la vida feliz en una ciudad donde, sin normas universales, cada uno funciona según su conveniencia?.

 

Los sofistas habían utilizado la racionalidad crítica de la filosofía para destruir las viejas normas, pero Sócrates la utiliza para construir otras nuevas. Su objetivo es fundamentar una moral racional basada en valores objetivos.

 

Para ello polemiza con los sofistas, y lo hace con sus propias armas: quien afirma que todos los valores son relativos, que es imposible un conocimiento firme de la verdad está cometiendo la contradicción de presentar su enunciado como verdad absoluta. Si nada es verdad absoluta tampoco lo es la afirmación de que "toda verdad es relativa". De ahí su irónico "sólo sé que no sé nada". Por eso su actividad es exclusivamente el diálogo fluido con los ciudadanos. El no enseña nada, sólo interroga, y su pregunta atenaza, perturba, coloca a quien se presta al diálogo ante la más radical de las dudas, pues el interlocutor descubre la vacuidad de su vida cómodamente instalada en unos presupuestos simples. A partir del dolor y del desconcierto que ocasiona a quienes frecuentan su trato, el individuo empieza a construir, a descubrir la verdad en su interior, en el ejercicio de su razón. La verdad, pues no es lo que la religión o las leyes de la ciudad digan; hasta ahí tenían razón los sofistas. Pero, al contrario que estos, la verdad sí es objetiva, está en el interior del individuo y puede surgir en el ejercicio racional que se da en el diálogo. Su madre era partera y, dice, como ella, lo único que yo hago es asistir en el parto de la verdad. A este arte de construir mediante el diálogo lo llama Mayeútica.

 

Su ética es, por tanto, autónoma, pues se funda en la actividad mediante la cual el sujeto se da a sí mismo la norma del obrar. Es, a la vez, un exponente del intelectualismo moral: es la razón la que proporciona los valores y las normas, de manera que el sólo conocimiento de lo que es bueno y justo obliga a quien lo posee a comportarse con bondad y justicia.

 

Suele decirse también que la ética de Sócrates es utilitarista. Esto podría entenderse del siguiente modo: lo bueno y lo justo en equivalente a lo útil, pero no lo útil para el individuo aislado, sino lo útil para la ciudad, para todos los individuos, lo útil para construir individuos felices en ciudades justas.