Comunicación Audiovisual y Multimedia

Actividad 1

 

 

«El Mito de la Caverna» de Platón

 

«Después de esto, compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos. Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

 

»Esos prisioneros son como nosotros. Pues, en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen delante? Y, si dialogan entre sí ¿creerán que nombran objetos cuando se refieren a las imágenes que ven delante? En efecto, los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados.

 

»Ocurre que, uno de ellos es liberado y forzado a levantarse de repente, y a volver el cuello y marchar mirando hacia la luz. Al hacer todo esto, sufrirá a causa de la luz y será incapaz de percibir las cosas cuyas sombras ha visto antes. Por ello, considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora. Y, más aún, si mirara a la luz misma, le dolerían los ojos y trataría de eludirla volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir considerándolas más claras que la propia luz.

 

»Este esclavo es arrastrado por una empinada cuesta hasta el exterior de la caverna sufriendo así la irritación del poder de la luz del sol impidiéndole ver cualquier cosa. Así que necesitará acostumbrarse a esta luz para ver lo que le rodea. Mirará primero las sombras, después las figuras de los hombres y otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. Contemplará la noche y lo que hay en el cielo hasta que finalmente pueda ver el sol directamente.

 

»¿No es cierto que si ahora se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de los entonces compañeros de cautiverio, se sentiría feliz del cambio y sentiría compasión de ellos? ¿Envidiaría acaso a aquellos que, en la caverna, reciben honores y elogios por haber divisado con mayor agudeza las sombras de los objetos que pasan detrás del tabique? ¿Envidiaría a aquellos que recibieran honores en la caverna por haber sido capaces de pronosticar el futuro? O más bien, ¿no le pasaría como al Aquiles de Homero, que hubiera preferido ser un labrador siervo de otro hombre pobre antes de recibir el honor con la muerte prematura?


 

»Y, si descendiera nuevamente y ocupara su anterior asiento se le volverían a ofuscar los ojos por las tinieblas nuevamente de manera que al tener que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, caería en ridículo. Y así,  confirmaría la opinión de aquellos esclavos que se niegan a marchar hacia la luz, y que aprovechan el ridículo de su ofuscamiento momentáneo para corroborar su actitud y su deseo de seguir encadenados. De hecho, si el esclavo liberado que en virtud de su compasión ha vuelto a la caverna quisiera liberarlos, y conducir a sus compañeros hacia la luz, éstos lo matarían si pudieran aunque fuera perjudicial para ellos.

 

 

Vete al formulario y contesta las preguntas. Después envíalo a tu profesor.