...
Incluso la misma luz,
que todas las cosas exhiben,
Respladecía
ignorada, hasta que su mente más brillante
Desenrolló
todo el ropaje resplandeciente del día;
Y,
a partir del resplandor emblanquecido indistinguible,
Agrupando
cada rayo en los de su clase,
Al
ojo cautivado edujo la espléndida comitiva
De
colores principales. Primero el rojo flamígero
Brotó
vívido; a continuación el naranja atezado;
Y
después el delicioso amarillo; a cuyo lado
Cayeron
los rayos amables del refrescante verde.
Después
el azul puro, que llena los cielos otoñales,
Y
que cae etéreo; y después, de un tono más triste,
Surgió
el índigo oscuro, como cuando
La
tarde de fuertes contornos languidece con escarcha;
Mientras
que los últimos destellos de luz refractada
Se
extinguieron gradualmente en el débil violeta.
Estos,
cuando las nubes destilan el chubasco favorable,
Resplandecen
distintos bajo el acuoso arco;
Mientras
que sobre nuestras cabezas la fresca visión se comba
Deliciosa,
fundiéndose en los campos de abajo
Mientras
de tonos que se mezclan resultan de ellos,
Y
todavía quedan miríadas... fuente infinita
De
belleza, siempre fluyentes, siempre nuevos.
¿
Acaso poeta alguno pudo imaginar nada tan bello,
Soñando
en el boscaje susurrante junto al áspero arroyo ?
¿
O un profeta, sobre cuyo éxtasis desciende el cielo ?
Incluso
ahora el sol poniente y la nubes cambiantes,
Vistos,
Greenwich, desde tus deliciosas alturas, declaran
Cuán
justa es, y cuán hermosa, la ley de la refracción
A
la memoria de Sir Isaac Newton
James Thomson (1727)