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Las primeras
referencias escritas a la existencia de lentes son bastante antiguas.
Un relato histórico afirma que se encontró una lente convergente
de cristal de roca entre las ruinas de Nínive. También
Aristófanes, en su obra "Las nubes" que se remonta al 423 a.C.,
cita la existencia de lentes: en la obra Strepsiades planea usar una
lente quemadora para enfocar los rayos del Sol en una tableta de cera
y así fundir el registro de la deuda de una apuesta.
La primera
constancia arqueológica es, sin embargo, posterior. Varias esferas
de vidrio y cristal que probablemente fueron usadas para iniciar fuegos
han sido encontradas en ruinas romanas y se recuperó una lente
plano-convexa entre los restos de Pompeya. El filósofo romano
Séneca notó que un globo de vidrio lleno de agua se podía
usar con el fin de aumentar. Es ciertamente probable que algunos artesanos
romanos hayan podido usar vidrios de aumento para facilitar el trabajo
con detalle muy fino.
Los estudios
de Óptica se desplazaron al Islam tras la caída del Imperio
Romano y hasta la Baja Edad Media no se realizó ninguna contribución
de interés desde Europa. Parece que el franciscano Roger Bacon
(1215-1294) fue quien inició la idea de utilizar las lentes para
corregir la vista e incluso sugirió la posibilidad de combinar
lentes para formar un telescopio. Bacon también poseía
algún conocimiento de la forma en la cual los rayos atraviesan
una lente.
No se
sabe con certeza el momento exacto en el que se comenzaron a utilizar
en anteojos. Algunos han querido atribuir su descubrimiento al florentino
Salvino degli Armati, en 1299. Es probable que el origen sea artesanal
y desconocido. Estas "lentes de vidrio", convexas y luego cóncavas
se utilizaban para obtener ampliaciones y para la corrección
de la vista. Sin embargo no se detecta hasta el siglo XV el menor intento
científico de estudiar su funcionamiento ya que suscitaban una
gran desconfianza entre los físicos de la época: eran
consideradas artificios que creaban ilusiones y errores en la visión.
Desde
el siglo XV empieza a cambiar la situación: se utiliza el espejo
cóncavo como microscopio (Giovanni Roncellai, 1523); hacia 1550
F. Maurolico emprendió en Sicilia un estudio sistemático
de los prismas, los espejos esféricos y el mecanismo de la visión.
El primer tratado sistemático y de gran difusión sobre
las lentes se debe al napolitano G. B. della Porta (Magia naturalis,
2ª edición, 1589). En él describe la lente, lens cristallina,
los espejos múltiples y la combinación de lentes positivas
y negativas. Al parecer diseñó también un anteojo
con ocular divergente. En 1590 se fabricó el primer anteojo de
este tipo, pero la construcción de instrumentos análogos
se desarrolló en Holanda, principalmente a partir de 1604. El
2 de octubre de 1608 Hans Lippershey, un fabricante de anteojos holandés,
solicitó una patente para el telescopio refractor.
En 1610
Galileo llamó la atención sobre las posibilidades que
ofrecía el anteojo con ocular divergente. De todos es sabido
que, utilizándolo para la observación de los cuerpos celestes,
pudo contemplar la existencia de manchas solares, de los anillos de
Saturno y de satélites girando alrededor de Júpiter. Sin
embargo estos resultados fueron discutidos por casi todos los físicos
de la época. Incluso Kepler se mostró escéptico
en un primer momento, aunque luego admitiera el fundamento de estos
sistemas ópticos. En su Dióptrica (1611) desarrolló
una Óptica Geométrica de las lentes, del anteojo astronómico
de Galileo (con ocular negativo) y del kepleriano (con ocular positivo).
El uso de diafragmas que restringían los haces luminosos a los
rayos centrales permitió establecer una correspondencia entre
punto imagen y punto objeto. A partir de entonces, el desarrollo del
anteojo permitió un progreso considerable en Astronomía
y Óptica.
Por último,
podemos mencionar brevemente el desarrollo experimentado por los sistemas
ópticos: los primeros telescopios propiamente dichos se montaron
utilizando tubos de cartón y más tarde de latón;
a partir de 1660 se comenzaron a construir grandes objetivos gracias
al perfeccionamiento en las técnicas de pulimento del vidrio;
los primeros microscopios se fabricaron a partir de 1615, pero durante
la primera mitad del siglo XVII fueron meros prototipos, ya que
la mediocridad de las lentes y la aberración cromática
no permitió obtener resultados claros.
Hacia
1660 apareció la Micrographia de Hooke y su obra fue desarrollada
por Malpighi y Leeuwenhoek. Los microscopios simples se hicieron muy
comunes hacia el final del siglo, pero fueron sustituidos por los compuestos
(fabricados en primer lugar por Huygens), dotados de tres lentes: objetivo,
ocular y lente de campo.
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