EL ORDENADOR EN EL AULA DE PEDAGOGÍA TERAPÉUTICA.

(Francisco de Pedro Sotelo & Victoria Muñoz Garrido)

Introducción.-

Todavía existen personas relacionadas con la escuela (y lo que es peor, dentro de ella), afirmando categóricamente que la integración escolar es una falacia, que los niños con necesidades educativas especiales, ya sean transitorias o permanentes, no tienen remedio y que no aprenderán nunca, que se están malgastando recursos y esfuerzos en su favor, permitiéndose incluso la osadía de criticar el entusiasmo, que los profesionales que trabajamos con estos niños, ponemos en nuestra tarea, y al valorar los pequeños o grandes avances que los alumnos consiguen. Es inútil (epistemológicamente hablando) convencer, a quien no ha llegado más allá de la visión positivista de la educación, de los beneficios de esta modalidad educativa. La carencia de procesos reflexivos profesionalizadores empieza a hacer estragos en la educación.

Análisis conceptual.-

Cuando los niños con necesidades educativas especiales salen de sus aulas ordinarias para recibir ayudas específicas en las aulas de apoyo, no es para reproducir los mismos esquemas de aprendizaje a los que están siendo sometidos en sus grupos de referencia y que no son capaces de seguir por las circunstancias que sean. Es necesario, por tanto, empezar a construir el conocimiento partiendo de sus mapas conceptuales, presentándoles la información con otros "soportes" distintos, adaptados a sus estilos, peculiaridades y necesidades de aprendizaje, que les faciliten el acceso a la comprensión de los diferentes estímulos que les lleven a la posterior incorporación en su bagaje cultural de los nuevos conocimientos. Buscamos, pues, en nuestros alumnos la construcción de significados (Constructivismo), a sabiendas de que la adquisición de conocimientos (Cognitivismo) es, en muchos casos, una auténtica proeza; pero desde luego intentando siempre llegar más allá del aprendizaje basado en la adquisición de respuestas (conductismo). Solamente añadir que nuestros proyectos de aprendizaje no están privados del componente axiológico correspondiente, por eso la calidad y la excelencia son inherentes a nuestra programación curricular.

La experiencia.-

En la actualidad las N.T.I.C. son herramientas de trabajo con muchas y variadas aplicaciones en la enseñanza, y de todas ellas, el ordenador, que siendo uno de los avances más significativos para el tratamiento de la información, es además un medio idóneo (como soporte visual, auditivo y relacional) para el tratamiento de múltiples aspectos relacionados con el desarrollo integral del alumno.

En nuestras aulas (ubicadas en centros de Educación Primaria y primer ciclo de la ESO) es prioritaria, desde el punto de vista instrumental, la enseñanza de la lectura, escritura y cálculo, además de las habilidades necesarias para su incorporación a las estructuras de conocimiento de los alumnos. A partir de Vygotski (1962) y otros autores, el objetivo de la lectoescritura se contempla como la adquisición de un conjunto totalmente nuevo de instrumentos que permitan emplear el lenguaje en la resolución de problemas y en la comunicación.

Aprender a usar un ordenador contribuye a la distinción conceptual e interpretativa del lenguaje. Conseguir el "despegue" intelectual de los alumnos hacia grados de abstracción en la estructura del pensamiento pasa inexorablemente por una reestructuración del lenguaje. Los ordenadores no comprenden enunciados ambiguos y no "leen entre líneas", no interpretan, descodifican permitiendo un feedback inmediato en la interpretación de una instrucción. El ordenador exige un alto grado de claridad en el lenguaje, mayor que el de la conversación humana, de ahí que los niños aprendan a hacer sus significados explícitos más claros y precisos.

Por otra parte la disponibilidad de un ordenador en las aulas de Pedagogía Terapéutica supone una gran ayuda en las adquisiciones previas a los aprendizajes de conocimientos y destrezas, aportándonos un amplio abanico de posibilidades en el campo de las estrategias cognitivas, metacognitivas y psicomotrices que han de ser adquiridas previamente a los conceptos meramente instructivos e instrumentales. El desarrollo de la atención, la concentración, la memoria, el juicio, el razonamiento, la percepción y discriminación visual y auditiva; aspectos relacionados con la motricidad fina, la coordinación viso-motriz, el ritmo, y un largo etcétera de posibilidades pueden ser trabajadas con esta herramienta, siendo decisivo resaltar la importancia del factor motivacional que el ordenador supone. Es una fuente de diversión, de creatividad y de curiosidad, fomenta el deseo de aprender y de investigar e incrementa el interés del alumno por los procesos (ver Francisco de Pedro; artículo publicado en el Magisterio Español el 16 de junio de 1999).

El ordenador también, y sobre todo en nuestras aulas, nos ayuda en el terreno emocional, afectivo y relacional, aumentando los niveles de autoestima, autonomía personal y confianza en sí mismo que bloquean algunos mecanismos de adquisición y adaptación (asimilación y acomodación) de conceptos.

El ordenador ya no es una herramienta de futuro, es de presente. Nuestras aulas suponen para los alumnos una manera de acercarse a las Nuevas Tecnologías. Lo hacemos desde un Paradigma Crítico de la Educación. Esto nos obliga a su utilización como elemento de análisis, reflexión, crítica y transformación de prácticas de ense anza y de mensajes e informaciones que son portadoras de valores no deseados o presentaciones de posturas del saber/vida que no responden a la verdad/realidad.

Podemos concluir que el uso del ordenador en las aulas de Pedagogía Terapéutica nos resulta imprescindible porque ayuda a los alumnos en el aprendizaje y la solución de problemas, es una fuente motivadora y de diversión, va a ser un elemento muy importante en la vida adulta de los niños, y es un indicador de la calidad y la excelencia del quehacer profesional. Esto sin mencionar (quedará para otra ocasión) la aportación a la gestión, investigación y profesionalización que su uso aporta al docente.