EL TEATRO EN ROMA. PLAUTO

1.- LOS ORÍGENES DEL TEATRO EN ROMA

2.- LA COMEDIA

Sus tipos

Sus autores

3.- LAS COMEDIAS DE PLAUTO

Características y títulos más destacados

Argumentos y personajes

1.- LOS ORÍGENES DEL TEATRO EN ROMA

De la misma manera que en Grecia aparece una rudimentaria representación teatral con motivo de las fiestas de la vendimia dedicadas a Dionisos o Baco, en la Italia primitiva nos encontramos con una serie de ritos religiosos inseparables de la realización del sacrificio, pero con aspecto teatral y dramático.

Sin embargo es en las reuniones plebeyas que acompañan a ciertos acontecimientos festivos, como la recolección, el casamiento, etc., cuando el carácter imitativo romano transforma en representación, en imitación, en mimo, en chanza cómica cualquier actividad, sea religiosa o profana. De aquí nacen los "Cantica Fescenina", improvisaciones, no siempre de buen gusto, generalmente obscenas, en versos Saturnios; las "saturae", representación total de música, baile, canto, mimo y farsa dramática. 

Estos son los antecedentes de las "attellanae", que serán el teatro popular en Roma, juntamente con los intentos etruscos de representar las tragedias griegas e incluso de componer otras al modo griego.

Desde el sur de Italia se introdujo el arte teatral griego. Esto sucedió a partir del año 272 a. C., cuando los Romanos conquistaron Tarento, en el sur de Italia, con lo que entraron en contacto con las poblaciones griegas de la Magna Grecia, avanzadilla de la cultura griega en Italia.

En todos los juegos ("ludi") ya fueran públicos o privados, se celebraban representaciones teatrales (ludi scaenici). Al principio eran las tragedias o comedias griegas ("Fabula Palliata" de "pallium" <vestidura griega>). Más tarde, a partir de Naevio, se pasa a tragedias de tema romano ("Fabula Praetexta" de "toga praetexta" <vestidura romana>). El romano adaptó la forma escénica a su propio carácter. Le iba mejor la comedia que la tragedia. La comedia agradaba más a la plebe.

Los lugares de la representación eran provisionales hasta que en el año 55 a. C. se construyó el primer teatro de piedra, el teatro de Pompeyo, con una capacidad de 20.000 espectadores. Generalmente sigue el modelo griego, de un semicírculo cerrado en su diámetro por la scaena y el frons scaenae. La orchestra, no es circular como en los teatros griegos, sino sólo semicircular. Los romanos utilizaron menos que los griegos los desniveles del terreno, y construyeron los teatros de fábrica, empleando arcos, bóvedas y galerías semicirculares para comunicar todas las localidades.

La métrica usada para las piezas teatrales era la yámbica, basada en el `yambo' (pie métrico de dos sílabas: breve – larga: (U ), y la trocaica, basada en el "troqueo" (pie métrico de dos sílabas: larga – breve: ( U). Se adaptaba bien a la lengua hablada, y su alternancia permitía distinguir las distintas partes de la representación: el "diverbium" o parte hablada y el "canticum" o parte recitada. De vez en cuando el `canticum' se convertía en "mutatis modis canticum" que era una parte cantada, incluso con acompañamiento instrumental de flautas: "tibia". 

Los primeros dramaturgos, Livio Andrónico (antes de 272 - después de 207 a. C.) y Cn. Naevio (antes de 261- 201? a. C.) utilizaron temas griegos, sobre todo del ciclo troyano para sus obras escénicas: "Aquiles", "Ayax", "Egisto",... de L. Andrónico; "Danae", "El caballo de Troya", ... de Cn. Naevio. Ennio (239 - 169 a. C.) imitó a Eurípides en el ciclo troyano con sus tragedias: "Andrómaca cautiva", "Hécuba", "Ifigenia", etc. También escribió comedias, pero no se conservan más que fragmentos.

Cn. Naevio fue el creador de la "fabula praetexta": "Clastidium", "Alimonia Romuli et Remi", son ya obras de tema romano. Fue también el creador de la comedia a imitación griega, pero con personajes y temas romanos.

2.- LA COMEDIA

SUS TIPOS

En Roma tuvo mucha más aceptación la comedia que la tragedia. Sobre todo si la tragedia que le ofrecían los dramaturgos era la de tema griego, que no era representativo de la sociedad romana. 

Sin embargo, las comedias de los principales autores romanos, Plauto y Terencio, son fabulae palliatae, es decir, piezas griegas, de personajes griegos, de localización griega. Pero los temas eran romanos, reconocibles para el público que se veía reflejado en ellos. 

Se dice que Plauto no fue original en ninguna de sus obras, ya que eran una especie de refundición de otras, generalmente griegas, y generalmente, también, de los autores de la "comedia nueva" griega, cuyo representante principal fue Menandro (s. IV a. C.) Este procedimiento recibe el nombre de contaminatio.

Se trataba de comunicarse con el público; por tanto éste se tenía que reconocer. Poco importaba que los personajes fueran griegos, llamados con nombres griegos. Las situaciones eran romanas, y, aunque las tramas no eran suficientemente consistentes, y la sorpresa del desenlace no existía, el pueblo las seguía con interés y con mucha atención.

Los actores debían pronunciar perfectamente las frases, "cantar" correctamente los versos, si no querían oír el abucheo de unos espectadores que tenían un oído acostumbrado a la musicalidad de la lengua latina.

Apareció, no obstante, otro tipo de comedias, conocidas como fabulae togatae, que son el equivalente, en comedia, a las praetextae en tragedia. Sus temas son romanos, sus personajes son romanos, y consiguieron cierto éxito, aunque más modesto, ya que los personajes, las tramas, los escenarios eran más como para andar por casa. Se llegaron a llamar fabulae tabernariae, es decir, que tenían un carácter más doméstico. 

SUS AUTORES

Los autores más representativos de esta comedia latina fabula palliata, son Plauto y Terencio.

3.- LAS COMEDIAS DE PLAUTO Características y títulos más destacados

Argumentos y personajes

 

La vida de Plauto no es muy conocida. Parece ser que se dedicó al teatro como autor y como actor, y sus propias experiencias se reflejaban en la escena. No es extraño que por esta peculiaridad se le atribuyeran hasta 130 obras, de las que nos han quedado 21, que son las que Varrón propuso como auténticas. Se conservan completas excepto Vidularia, de la que se ha perdido gran parte.

Plauto dio a la gente lo que quería: el público reclamaba que los temas fueran griegos, pero tratados a la romana, acomodados a la manera de ser de la plebe romana: vulgar, ruidosa, que buscaba encontrar en los personajes y situaciones las figuras que le eran familiares y de las que se podía reír a su gusto. Casi siempre trataban de lo mismo: un joven busca casarse con la joven que ama a pesar de mil obstáculos. Con todo, las situaciones y las intrigas son tan diferentes que no hay dos comedias iguales. Por esta situación desfilan todo tipo de personajes romanos: el padre cabezota, ridículo, el parásito, el esclavo desvergonzado, astuto y atrevido, el fanfarrón, las mujeres,...

El lenguaje es vivo, natural. Hace juegos de palabras, inventa vocablos nuevos, utiliza todos los recursos de la lengua familiar y vulgar: aliteraciones, asonancias, figuras etimológicas,... Cambia de ritmo según se lo pide la escena. 

El "prologus" precede a la obra. Expone la intención, el protector de la obra, el motivo por el que la ha escrito, y la exposición del tema. A veces su justificación. En algunas ocasiones es suficientemente oscuro, pero cuenta con la colaboración del espectador, porque de lo que se trata es de atraerse al público. Habla directamente a los espectadores y les hace cómplices de la trama. A veces es un dios el que presenta la obra y los personajes, otras veces un personaje especial que sólo realiza el prólogo. Hace alusiones conocidas por todos de manera que predispone a una mejor escucha y comprensión de la obra. Es una especie de guiño escénico. 

En estos versos de Casina se ve cómo, incluso, algunos prólogos se rehacían después de ver el éxito de la comedia:

Nos postquam populi rumores intelleximus

Studiose expetere vos Plautinas fabulas,

Antiquam eius edimus comoediam.

Desde que hemos oído las aclamaciones del pueblo

de que vosotros deseabais ardientemente las comedias de Plauto

hemos vuelto a poner en escena esta antigua comedia

PRINCIPALES OBRAS

La 21 comedias de Plauto Amphitruo (El anfitrión)

Asinaria (La comedia del asno)

Aulularia (La comedia de la olla)

Bacchides

Captivi (Los prisioneros)

Casina (El sorteo de Cásina)

Cistellaria (La comedia del cofre)

Curculio (El gorgojo)

Epidicus (El esclavo astuto)

Menaechmi (Los gemelos)

Mercator (El mercader)

Miles gloriosus (El soldado fanfarrón)

Mostellaria (La comedia del fantasma)

Persa (El persa)

Poenulus (El pequeño Cartaginés)

Pseudolus (El mentiroso)

Rudens (El cable de los pescadores)

Stichus

Trinummus (Las tres monedas)

Truculentus (El amenazador)

Vidularia (La comedia de la maleta)

ARGUMENTOS

Aulularia

La comedia de la olla. El avaro Euclión ha encontrado una olla llena de monedas. La trama de la comedia son las preocupaciones del avaro para que nadie se entere de que la tiene, y ve ladrones que se la quieren quitar por todas partes hasta en las situaciones más normales.

Miles gloriosus

El soldado fanfarrón. Ya su mismo título nos lo dice: Pirgopolínice es un soldado, además de fanfarrón, simple. Cuenta por todas partes sus éxitos imaginarios, y se cree que esos éxitos van a ser la llave de muchas puertas, sobre todo la que él más desea que es la de su joven vecina; pero al final tiene que bajar a la realidad.

Amphitruo

Anfitrión es el esposo de Alcmena, a la que pretende Júpiter. Éste se hace pasar por su marido para estar con ella, y de esa unión nace el héroe Hércules. Júpiter se hace acompañar por Mercurio, que toma el aspecto del esclavo Sosias. Cuando llegan los verdaderos Anfitrión y Sosias surgen los malentendidos que dan pie a la comicidad.

Menaechmi

Dos hermanos gemelos que se parecen muchísimo y que son confundidos constantemente, aunque no se conocen entre ellos. Sin embargo, sin saberlo, han tenido los mismos avatares en su vida.

Han sido utilizados posteriormente sus temas, sus situaciones y sus personajes: Molière, Shakespeare, Racine, etc., han utilizado a Plauto para alguna de sus obras: p. ej., "L'avare" de Molière, imita la "Aulularia"; "El Anfitrión" del mismo autor francés, imita a "Amphitruo"; etc.

PERSONAJES

Hemos de decir que los personajes de las comedias, aun con nombre griego, son reconocibles en todas las épocas. Han sido trazados de forma magistral, de manera que han sobrevivido a sus autores y han tomado vida propia.

Los personajes se repiten, pero no son los mismos: su carácter y su sicología varían de una comedia a otra, y en cada una tienen un aspecto y una personalidad diferente, aunque el tipo sigue siendo el clásico, por ejemplo, un parásito o un hábil esclavo.

Los viejos libertinos

En casi todas las obras aparecen los viejos libertinos y calaveras que se arrepienten y que no quieren que sus hijos les imiten, pero que a veces vuelven a sus viejos hábitos. A veces son rivales de sus hijos en asuntos amorosos.

Los jóvenes

Los jóvenes buscan engañar a su padre y unirse con la joven a la que aman en secreto.

El esclavo hábil y astuto

Por lo general estos no lo pueden hacer solos y necesitan de la ayuda de un esclavo hábil y astuto, ladrón por necesidad y mentiroso, para que se salgan con la suya, engañando a su padre y desafiando los golpes y los castigos. Generalmente también ellos se aprovechan de la situación.

El traficante de esclavas

Suele ser indispensable en las obras de Plauto el traficante de esclavas (leno). Avaricioso y corrupto, cínico y deshonesto, es el personaje odioso de las comedias y contra él van todas las situaciones antipáticas y ridículas.

El parásito

El parásito, que se invita a comer en las casas de los ricos por medio de sus adulaciones y buenas palabras, soportando bajezas e incomodidades.

Las mujeres

Las mujeres, muchas de ellas, las que más juego dan, son las cortesanas. Aparecen también mujeres maduras, esposas amantes; mujeres chismosas, metomentodo.

Las jóvenes

Las jóvenes de condición libre, que aceptan el amor del joven, y que son amables, simpáticas y bellas.

 

1.- CARACTERÍSTICAS Y ORÍGENES DE LA HISTORIOGRAFÍA ROMANA

 

La pregunta que viene a la mente cuando se trata de establecer las fuentes de los historiadores romanos, es: ¿De dónde sacan la información? Es verdad que conservamos los nombres de historiadores antiguos que nos contaron episodios de su época, pero estos no se remontan más allá del siglo III a. C., como es el caso de Fabius Pictor. ¿No sería posible que existieran informaciones más antiguas? ¿Es posible que se conservaran?.

Conocemos muchos nombres y muchos hechos, muy antiguos, contados por historiadores más bien modernos. ¿En qué se basaban?

Desde los más lejanos tiempos de la historia romana, es decir, desde los tiempos de Rómulo, encontramos distintas fuentes, distintos escritos que nos van diciendo, las más de las veces muy áridamente los principales acontecimientos y las principales personas de Roma. Estas informaciones fueron recogidas por los primeros historiadores de que se tiene noticia.

Los primeros que relataron lo que pasaba, con unas simples notas, de contenido tanto político como religioso, fueron los sacerdotes, los Pontífices, que tenían a su cargo el calendario, establecer los días fastos y nefastos, así como los días dedicados a las principales divinidades. Todas estas noticias se guardaban para que se tuviera constancia de la importancia de la religión oficial y de sus principales representantes.

Los nombres de los reyes, de los magistrados, de los sacerdotes, también aparecen en los Fasti consulares; de la misma manera que las principales decisiones de los principales actores de la vida política y religiosa.

Más concretos y también más extensos son los Annales Pontificum, la relación, año por año, de los acontecimientos más relevantes que habían sucedido, así como los nombres de sus protagonistas y de los magistrados elegidos para  cada año.

Éstas son las fuentes institucionales, es decir, las que proceden de las personas encargadas para ello. Sin embargo, en la antigua Roma se originaron otras fuentes históricas dignas de mención, y que se deben a ciudadanos particulares, que, movidos, generalmente por el afán de notoriedad, publicaban sus hazañas y sus títulos. Nos hemos encontrado muchas estelas, funerarias o no, en que se aprecia el interés por pasar a la posteridad.

De la misma manera, otros cantan y ensalzan la vida de los demás, sobre todo cuando se han muerto: los elogia, a los que debemos hacer un caso relativo, ya que en muchos casos la desfachatez de los oradores se pasa de la raya al alabar las virtudes del difunto.

Sin embargo debemos tratar también de conocer los personajes que escribieron historia, aunque, como hemos dicho antes, no son demasiado antiguos, pues los primeros datan de la segunda mitad del siglo III a. C.

Se trata de los Analistas, es decir, los que escribían Annales, que según su título, no eran otra cosa que la narración de los acontecimientos año tras año.

Los primeros de los que se tiene noticia escribieron la Historia de Roma en griego, siguiendo la tradición de los grandes historiadores helenos. Generalmente se contaba la historia de Roma desde su fundación, pero muchos se remontaban a la llegada de Eneas a Italia, primero, y a la desembocadura del Tíber, después. Cada uno procuraba llegar hasta donde podía, que no podía ser más allá de los límites de su propia vida. Por eso, unos se quedaron en la Primera Guerra Púnica, y otros fueron un poco más lejos. De todos estos autores nos quedan unos pocos fragmentos. Los conocemos por relatos posteriores en que aparecen sus nombres.

Fabius Pictor (finales del siglo III y principios del II) ha sido muy seguido por los historiadores posteriores, sobre todo, por Tito Livio. Corrían unos Annales Latini, que se piensa que no eran originales suyos, sino traducciones de sus historias en latín.

Algunos contaron la historia con conocimiento de causa, como L. Cincius Alimentus, que fue prisionero de Aníbal y narró, sobre todo, la Segunda Guerra Púnica; o C. Acilius, que participó como intérprete de una embajada ateniense a Roma.

Hubo otros analistas que escribieron en Latín, cuyos escritos fueron célebres en la antigüedad, e incluso alabados por otros escritores más recientes. Entre ellos podemos citar a L. Cassius Hemina, L. Calpurnius Piso, pero sobre todo al gran poeta Ennio, que escribió sus Annales en versos hexámetros, con lo que introdujo este tipo de verso en Latín.

Tal vez, el más importante historiador de esta época fue M. Portius Cato (234 - 149 a. C.) Trató de narrar la historia de Roma desde sus orígenes, y por eso llamó a su libro con este término: Origines.

CÉSAR

SALUSTIO

CÉSAR

 

CRONOLOGÍA DE JULIO CÉSAR

12 - VII - 100 a. C.  

Nace Julio César. Sus padres son: C. Iulius Caesar y Aurelia de la "gens Cotta"

83 a. C

Es nombrado por su tío Mario "Flamen Dialis" (sacerdote de Júpiter)

82 a. C

Viaja a Grecia para huir de Sila

68 a. C.

Es nombrado "Cuestor" en Hispania Ulterior

66 a. C.

Hace la campaña contra Mitridates, rey del Ponto

65 a. C 

Es elegido "Edil curul".

63 a. C

Es nombrado "Maximus Pontifex".

Tiene lugar la desarticulación de la "Conjuración de Catilina"

Es elegido "Pretor"

61 a. C

Es nombrado "Propretor" en Hispania Ulterior

60 a. C

César, Pompeyo y Craso forman el PRIMER TRIUNVIRATO

59 a. C

Es elegido "Cónsul" pro primera vez.

Es nombrado "Procónsul" en las Galias, por cinco años

Comienza la "Guerra de las Gallias"

En Roma son elegidos "Cónsules" Pompeyo y Craso. 

En la Galia atraviesa el Rin.

Primera campaña contra los Bretones.

54 a. C.

Segunda campaña contra los Bretones.

Vence a los Belgas, capitaneados por Ambiórix.

Muere Craso .

Pompeyo queda como "cónsul único".

Acuerdo del Senado para que J. César licencie sus tropas.

César no lo acepta y pasa el Rubicón ( "Alea iacta est").

Pompeyo huye hacia el Epiro

César vence en Hispania a los pompeyanos

Es elegido "Cónsul" por segunda vez.

El 9 - VIII vence a Pompeyo en Farsalia

César llega a Alejandría. Pompeyo es asesinado

César establece la soberanía de Cleopatra en Egipto.

En junio,"Veni, vidi, vici"  vence a Farnaces en Zela

Vuelve a Roma y es nombrado "Dictador".

Vence a los Pompeyanos (Catón, Escipión y Yuba) en Thapsos.

Vuelve a Roma y se le prolonga la dictadura

Se le nombra "Censor" único

Cleopatra viaja a Roma

45 a. C.

Vence en Munda (Bética) a los hijos de Pompeyo

  15 - III - 44 a. C.

Idus de marzo: César es asesinado

SALUSTIO

La vida de Caius Salustius Crispus (86 - 35 A. C.) se desarrolló durante el siglo I a. C., coincidiendo con el período de más cruda rivalidad en las guerras civiles, primero en la de César y Pompeyo, y, más tarde, en las que siguieron a la muerte de César entre los asesinos de César (Bruto y Casio) contra Marco Antonio y Octavio que fueron los vencedores en la batalla de Philippos, que trataban de mantener la legalidad republicana.

Nació de una familia plebeya en Amiternum (Sabinia). Enseguida soñó con escribir historia, pero fue arrastrado a la política.

Después de haber sido Cuestor, fue Tribuno de la Plebe (52 a. C.) y entró a formar parte del Senado. No fue digno de tales cargos, ya que en el año 50 a. C. el censor Appius lo expulsó del Senado por sus malas costumbres.

A pesar de todo, como era partidario de César, pudo, con su beneplácito, volver a ingresar en el  "cursus honorum" César le nombró cuestor en el año 49 a. C., y de esa manera reingresó en el Senado. A continuación ejerció diversos cargos militares.

César lo envió a la Campania para sofocar la revuelta de las legiones, cosa que no logró, y estuvo a punto de ser asesinado. Más tarde, en el 46 a. C., fue enviado como procónsul a África, de donde sacó la documentación para su libro "Bellum Iugurthinum", y, sobre todo, mucho dinero.

Fue acusado de concusión (utilizar la influencia de tener un cargo público en beneficio propio) durante su gobierno en la provincia de África, pero logró ser absuelto. Se construyó un suntuoso palacio en el Quirinal, rodeado de magníficos jardines: los "Horti Salustiani".

Vivió todavía diez años más apartado de los negocios públicos y dedicado a escribir sus libros de historia, como él mismo apunta al comienzo de su obra "De coniuratione Catilinae". Se había casado con Terencia, repudiada por Cicerón. Murió el año 35 a. C.

Sus obras son:

"Bellum Iugurthinum"

Es un intento de mostrar la corrupción de la aristocracia romana, y, de paso justificar al partido demócrata o popular, al que pertenecían el caudillo de dicha guerra, Mario, y su protector en Roma, César. Toma como pretexto la guerra que sostuvieron los Romanos contra Yugurta, rey de Numidia, ocurrida entre los años 112 y 106 a. C.; aprovecha para ensalzar a Mario, que en dicha guerra comenzó a ser conocido como un gran militar, y que más tarde fundó el del partido democrático y fue tío y antecesor de César. Al no comprobar los datos recogidos presenta numerosas inexactitudes.

 "De coniuratione Catilinae"

Trata de un momento difícil para la República, como fue la Conjuración de Catilina, que ocurrió el año 63 a. C. y que fue desmantelada por el cónsul Cicerón. Salustio escribió cosas conocidas por todos y acaecidas hacía poco tiempo; a pesar del preámbulo filosófico no acorde con su vida, denuncia en esta obra la corrupción de las costumbres y de la vida política romana. Comete algunos errores, sea por contarlo de memoria sin verificarlo, sea porque lo hace a propósito, pues no es imparcial. Disminuye la importancia de Cicerón, aunque parezca que le hace justicia (le llama "optimus consul"). Presenta a César como que no estuvo metido en la conjuración, y, tal vez, sea la justificación de César la finalidad de la obra.

"Historiae"

En las que cuenta los acontecimientos que tuvieron lugar entre los años 79 a 66 a. C. en las que trata de narrar la reacción contra Sila, después de la abdicación de éste de su dictadura. Sólo nos quedan algunos fragmentos.

En sus narraciones emite juicios de valor sobre las diferentes personas, filosofa sobre los acontecimientos, ensalza a unos, arremete contra otros en aras de una moral que él fue incapaz de cumplir.

Buen retratista y orador, emplea el procedimiento de los discursos en los momentos clave de sus obras, para pintar las situaciones y los caracteres. Hace retratos característicos: Yugurta, Catilina, Aurelia Orestila, Mario,… Tiene un estilo personal con el que trata de romper el movimiento monótono de la frase, como reacción ante la prosa demasiado ceremoniosa; busca la asimetría y términos arcaicos; a veces incluso traduce literalmente construcciones griegas, por influencia de Tucícides.

3.- LA HISTORIOGRAFÍA EN LA ÉPOCA DE AUGUSTO

TITO LIVIO

 

Titus Livius Patavinus, (59 a. C. - 17 d. C.) nacido en Padua, (Patavium) se dedicó a escribir lejos de los asuntos públicos "Ab Vrbe condita" ("Desde la fundación de la Ciudad"), una obra ambiciosa, que llenó toda su vida. Vivió en Roma en tiempos de Augusto y pudo participar de las reformas del Emperador en relación con la vida de familia y la renovación de las costumbres.

Después de la victoria de Philippos (42 a. C.), Octavio Augusto se enfrentó a Marco Antonio, que había sido su aliado, y le venció en la batalla de Actium (31 a. C.), que marcó el comienzo del período gobernado por Octavio como Princeps Senatus, es decir, el primero del Senado otorgado por el senado Romano el año 28 a. de C. Al año siguiente se le concedió el título de Augusto, con el que se le conoce. Por eso al primer período que siguió a la república en Roma se le ha dado el nombre de Principado.

Augusto honró a Tito Livio con su favor, y le llamaba "El Pompeyano", por haber alabado en gran manera a Pompeyo. Livio murió en su pueblo natal, en Patavium.

"Ab Vrbe condita", es la obra de Tito Livio. Es un monumento escrito a la mayor gloria de Roma; llena 142 libros, en los que cuenta toda la historia de la ciudad, desde sus orígenes, incluso anteriores a su fundación, y llega hasta el año 9 d. C. La mayor parte de estos libros se ha perdido. Se fueron publicando separadamente en grupos de 10, por lo que también se les llamó "décadas".

Quedan 35 libros: 1 - 10 (desde los orígenes de Roma hasta el año 293 a.C.); 21 - 45 (desde la 2ª Guerra Púnica hasta el triunfo de Paulo Emilio después de la guerra de Macedonia <210 -167 a.C.>). En los libros 41-45 hay numerosas lagunas. También se conservan fragmentos aislados y resúmenes del conjunto (periochae), atribuidos al abreviador Floro, del siglo II d. C., que nos permiten conocer el plan de la obra y los libros no conservados.

Quiere elevar un monumento a la grandeza de Roma. Considera a Roma como el mejor pueblo del mundo. Por eso su libro tiene un protagonista principal: ROMA. Es un protagonismo embellecido por su nacionalismo y por su falta de sentido crítico. Consigue al mismo tiempo una historia nacional, con un único tema: Fortuna Populi Romani, y una historia dramática en la que caben todas las narraciones de los episodios semifantásticos de la antigüedad romana.

Acude a otros escritores anteriores, como Fabius Pictor, (escritor romano que escribió en griego) pero no utiliza documentos originales ni corrobora los lugares donde se desarrollan las acciones. Por tanto no se puede asentir de una manera definitiva a sus asertos, ya que no están contrastados. No es imparcial, tal vez cegado por su patriotismo.

Narra los hechos con soltura y belleza. Ordena las partes con proporción, sin que la narración languidezca en ningún momento. Reconstruye los hechos como debieron pasar. Describe con precisión y brevedad los movimientos de masas y los sentimientos de los protagonistas. Apenas hace retratos de los personajes, sino que aparecen integrados en el comportamiento general. Emplea, como Salustio, el procedimiento de los discursos, inventados, pero útiles en el desarrollo de la acción. Es un procedimiento para que la narración no sea tan pesada, al alternar el estilo narrativo en tercera persona y los tiempos en pasado, con un estilo discursivo en primera persona y los tiempos del verbo en presente. Se cuentan cerca de 400 en los libros que se conservan. Tienen además, el valor añadido de la oratoria, pues están bien compuestos, son hábiles y elocuentes.

Es el creador de la prosa imperial, aunque se le pueda tildar de "ciceroniano". No es extraño, ya que siente una gran admiración por Cicerón. Hay que tener en cuenta que tenía 13 años ciando murió Cicerón. Su frase es amplia, clara, abundante y periódica, pero no es tan regular como la de Cicerón, y a veces se le nota cierto provincianismo ("patavinitas").

"Ab Vrbe condita" es, junto a la "Eneida" el monumento más importante dedicado a la mayor gloria de Roma.

1.- RETÓRICA Y ORATORIA EN LA ROMA REPUBLICANA

 

Los Romanos eran un pueblo especialmente dotado para la palabra, pero hasta la introducción del helenismo en Italia, en el siglo III a. C. no se dieron cuenta de lo poderosos que podrían ser si la empleaban bien, tomando ejemplo de los griegos y teniéndolos como maestros. Todos conocemos los nombres y las obras de los grandes oradores griegos Demóstenes, Esquines y Lisias. Los Romanos quisieron estudiar su estilo, su composición y sus formas literarias para dar brillantez a sus discursos.

Desde los comienzos del siglo II a. C. se habían establecido en Roma muchos oradores griegos (rhetores graeci) que enseñaban elocuencia en griego. A pesar de que el senado expulsó a los filósofos y oradores griegos en el año 161 a. C., no se consiguió que dejaran de enseñar filosofía y elocuencia.

A imitación de los griegos muchos oradores propiamente romanos (rhetores latini) se dedicaron a enseñar elocuencia, oponiéndose de esta forma a los griegos, pero no se oponían del todo, ya que el arte que ofrecían a sus alumnos era totalmente griego, si bien se lo enseñaban en latín. Ésta fue la manera de que la oratoria griega se extendiera por toda Italia. De este modo se cumplió el tópico horaciano de que Graecia capta ferum victorem cepit. 

De todos los oradores de estos siglos tenemos conocimiento por el Brutus de Cicerón, ya que los pocos fragmentos que nos quedan de ellos no nos permiten una crítica suficientemente responsable. Sin embargo Cicerón tenía cercanía en el tiempo y elementos de juicio suficientes para hacerlo. En esta obra aparece una enumeración, además de una crítica, de los principales oradores latinos de los siglos III y II a. C.

Los principales oradores también eran los que se distinguieron en la política y en las armas: Appius Claudius Caecus, Q. Caecilius Metellus, Q. Fabius Maximus "Cunctator", M. Portius Cato, Ser. Sulpicius Galba, P. Cornelius Scipio Aemilianus, L. Licinius Crassus, Ti. y C. Sempronius Graccus, etc.

A principios del siglo I a. C. aparecieron en Roma diferentes escuelas oratorias: 1.- la escuela asiática, que se distinguió por su forma florida, por su ritmo oratorio, por su sutileza e ingenio. 2.- La escuela ática, sin artificios, con frases breves, directas y secas. De estas escuelas tenemos noticias por el Brutus de Cicerón. Parece ser que los de la escuela ática pensaban que Cicerón era demasiado asiático.

El principal oponente de Cicerón en la oratoria romana del siglo I a. C. fue Q. Hortensius Hortalus, digno representante de la corriente asiática. Tenía una gran facilidad natural para la elocuencia. Hortensio fue el principal orador de la Roma Republicana hasta que Cicerón le venció en el Pro Quinctio (81 a. C.)que fue cuando su estrella empezó a declinar al tiempo que refulgía más la de Cicerón. Se enfrentaron en muchas ocasiones (Verrinas, 70 a. C.) pero más tarde se hicieron amigos y participaron juntos en diferentes causas en el foro. En sus discursos se advertía el uso de divisiones metódicas y recapitulaciones que nadie había utilizado antes que él. 

Las obras de todos estos autores se han perdido. Sin embargo nos queda una obra de retórica: Rhetorica ad Herennium. En la antigüedad se atribuyó a Cicerón: obra de juventud junto con De inventione, ya que es muy clara en la preceptiva oratoria. Sin embargo la teoría más extendida y más verosímil, es que la escribió un tal Cornificius, inspirada, parece ser, en el griego Hermágoras.

Esta obra es una compilación de las teorías de los rhetores latini, es decir, las ideas de los griegos sobre la oratoria, pero con ejemplos, frases, y textos latinos, aunque demuestran una lengua todavía un tanto imperfecta. A pesar de todo no logra disimular su procedencia griega. El valor de este libro está en la claridad de ideas, y en la nitidez de la exposición. No tiene ni confusión de conceptos ni contradicciones. 

2.- TIPOS Y PARTES DEL DISCURSO

1.- Tipos de discurso

Los principales tipos de discurso romano que podemos indicar son los siguientes:

a.- Laudationes fúnebres o panegíricos Discursos que se hacían cuando una persona había fallecido. Por lo general no eran muy veraces, sino que alababan al difunto con exageración, "falseando la historia y acumulando sobre el difunto honores inexistentes e inmerecidos" (Holgado Redondo). Generalmente no se conservan ninguno de estos discursos, y tenemos conocimiento de ellos por el Brutus de Cicerón.

b.- Discursos políticos Son los que se pronunciaban durante el desempeño de algún cargo público, sobre todo, durante el consulado. Ejemplos de este tipo son las Catilinarias    o In Catilinam orationes IV de Cicerón. Se solían pronunciar en el Senado, pero algunos también eran pronunciados en la curia, delante del pueblo y en el foro

c.- Causas criminales o discursos judiciales Discursos que se hacían generalmente en el foro delante de la gente, pero también delante del tribunal de justicia que iba a emitir el veredicto. Se referían tanto a acusaciones (In Verrem) como a defensas (Pro Milone, Pro Archia poeta)

d.- Acciones de gracias Tanto a los dioses, como al senado y al pueblo. Por múltiples motivos. Por ejemplo, Cicerón dio las gracias por su vuelta del destierro en dos discursos: Post reditum in senatu (oratio cum senatui gratias egit) y Post reditum ad Quirites (oratio cum populo gratias egit).

 

A partir del siglo I p. C., la retórica dejó de ser un ejercicio real para convertirse en ejercicios de escuela. Séneca el Retor escribió en su obra Sententiae, divisiones, colores, un conjunto de ejercicios de retórica, que se pueden dividir en dos partes claramente diferenciadas: Suasoriae (conjunto de ejercicios oratorios con asuntos ficticios referentes a temas sacados de la mitología o de la literatura), y Controversiae (discursos judiciales cuyos asuntos son convencionales y poco reales: el discurso tiene generalmente dos partes, una a favor del tema y otra en contra) 

Encontramos también discursos en las obras de historiografía. Es un procedimiento para explicar una situación en primera persona por boca de sus protagonistas. Por lo general, Salustio y Tito Livio se distinguieron por sus discursos intercalados en las narraciones de los episodios históricos. 

Salustio, en su obra De coniuratione Catilinae, pone en boca de Silano, de Catón y de César tres discursos, que son la parte fundamental de la obra.

Tito Livio, por su parte, introduce en su Ab Vrbe condita más de 400 discursos de todo tipo, en los que sigue las normas de la oratoria clásica.

2.- Partes del discurso

 

Las partes de un discurso se han establecido desde la antigüedad griega, ya que se piensa que incluso Aristóteles ya las conocía. Son la aplicación de la psicología a la oratoria, porque no da lo mismo empezar de una manera que de otra, poner una argumentación o una descripción en desorden, para que el discurso tenga el éxito que se pretende. Por eso, casi quedaron fijas todas las partes del discurso, sin que sufriera más que pequeños retoques a lo largo del tiempo.

Las partes fundamentales son:

1.- Exordium (exordio)

Se trata generalmente de disponer al auditorio atento, y favorable a lo que se va a decir después. A veces falta, pero la razón es que en ese momento no es necesario, ya que la gente está dispuesta a escuchar.

2.- Narratio (narración).

Se trata de la relación de los hechos. Ésta ha de ser, según los maestros antiguos, breve, clara y verosímil. Generalmente va a continuación del exordio, ya que es el momento de indicar de qué se trata.

3.- Partitio (División)

Se trata de una especie de esquema de lo que va a ser el discurso. Hortensio lo hacía siempre; Cicerón solía hacerlo al principio, y, en el De inventione, que habla de cómo ha de ser el discurso, lo cita como importante y necesario; pero más tarde dejó de hacerlo

4.- Argumentatio (argumentación)

Es una de las partes más importantes del discurso. Algunos autores hablan de una división en dos: confirmatio (pruebas positivas) y refutatio (respuesta a los argumentos del adversario), que no siempre se distinguen

5.- Digressio (digresión)

Se trata de un momento importante del discurso. El orador, después de la argumentatio deja ir su imaginación, y trata cuestiones ajenas al tema; pero de ninguna manera ha perdido el hilo de la cuestión. Se trata de agradar al auditorio, de dejarle un momento de respiro para que acepte mejor las conclusiones a las que va a llegar. 

6.- Peroratio (peroración o epílogo)

Es la parte más necesaria del discurso, y donde el orador se permite el mayor patetismo para conseguir lo que pretende. En algunas ocasiones los oradores hacen una recapitulatio, un resumen o recuerdo somero de la argumentación

Hay que decir que éste es el esquema de un discurso clásico. Sin embargo no está de más advertir que no todos los oradores ni en todos los discursos lo seguían al pie de la letra. Las circunstancias en las que se desarrollaba, la situación del auditorio, el tema que se iba a tratar, el conocimiento o desconocimiento de la causa criminal que se defendía, etc. hacían que el orador adaptase este esquema a sus intenciones. Sin embargo en todas las obras de retórica antiguas se encuentra esta disposición del discurso.

 

3.EL PRINCIPAL REPRESENTANTE DE LA ORATORIA ROMANA: CICERÓN

En la Roma del siglo I a. C. los muchachos, primero estudiaban gramática, entre los 12 y 16 años. Consistía en el estudio de los poetas y escritores griegos (Homero, Hesíodo, Platón, Aristóteles, Sófocles, Esquilo, Eurípides, Herodoto, Tucídides, etc.) y romanos (Livio Andrónico, Ennio, Catón, etc.). Entre los 16 y 18 años estudiaban la retórica, y aprendían, sobre todo, elocuencia griega (Demóstenes, Esquines, Lisias). La enseñanza superior se hacía en Grecia, de manera que todos los hombres importantes de Roma tenían que conocer y hablar de una manera fluida la lengua griega.

 Marcus Tullius Cicero (106 - 43 a. C.) nació en Arpino, una pequeña población del sur de Roma, que había sido también la cuna de Mario, el vencedor de Yugurta, tío de César y fundador del partido democrático o popular, antagonista del partido aristocrático o del Senado. La familia de Cicerón pertenecía al "ordo equestris", que era la clase acomodada de Roma. Pero era un "homo novus" es decir, que no pertenecía a la nobleza patricia de la Urbe. Sin embargo, con su genio oratorio llegó a escalar las más altas cimas de la clase política romana.

Su instrucción fue más amplia de lo que solía ser habitual para los romanos de su tiempo. Estudió filosofía, que entonces abarcaba todas las ciencias; se interesó por los trabajos de los jurisconsultos y por los problemas técnicos de la elocuencia. Sus idas al foro donde Antonio y Craso defendían sus pleitos completaron su formación. Debutó con una audacia extrema, tomando la palabra contra Hortensio en el año 81, y atacando en el 80 a. C. a Crisógono, un poderoso secuaz del todopoderoso Sila, que había acusado a Publio Roscio, ciudadano de Ameria, del asesinato de su padre, y al que Cicerón defendió. No tenía nada que perder, y sí mucho que ganar si obtenía la victoria, cosa que sucedió.

Es cierto que las familias patricias de Roma, los Metelo y los Pompeyo le apoyaban. Sin embargo consideró más prudente pasar un tiempo en Grecia lejos de las posibles represalias de Sila. Allí encontró a Molón de Rodas, un maestro que le ayudó a fijar el tono de su elocuencia. Los procedimientos de la elocuencia asiática estaban ya pasando de moda y eran sustituidos por la oratoria de la escuela de Rodas, que, sin renunciar a la brillantez ni a la abundancia de términos y conceptos, daba a la palabra una apariencia más clásica.

En el año 77 a. C. regresó a Roma, y enseguida Cicerón adquirió reputación y clientela como abogado. De esta forma pudo entrar en el "cursus honorum", es decir, en la carrera política. Quería darse a conocer, y la mejor manera era la de defender causas penales o acusar a personas corruptas. Una de ellas fue el pretor de Sicilia, Verres, acusado de concusión, al que atacó en los célebres discursos conocidos con el nombre de "Verrinas".  Muy pronto intentó, en medio de las crecientes agitaciones, lograr el acuerdo entre los dos órdenes más poderosos de Roma: "ordo senatorius" y "ordo equestris". En el año 63 fue elegido cónsul, y en el ejercicio de su consulado sofocó la  "Conjuración de Catilina, un golpe de estado protagonizado por un noble, Catilina, que quería terminar con la república y hacerse con el poder. Durante este episodio se gestó la animadversión que se tenían los dos más grandes hombres de la parte central del siglo I a. C.: César y Cicerón. El partido demócrata de César le volvió la espalda.

Provocó los celos de Pompeyo, las iras de Clodio, y consiguió que los triunviros César, Pompeyo y Craso lo abandonaran. Cuando César fue elegido cónsul logró que fuera desterrado por haber mandado ejecutar sin juicio a los cómplices de Catilina. Al año siguiente (57 a. C.) volvió con todos los honores, pero ya no tenía ninguna fuerza en la política. Sólo se le encomendó el gobierno de la provincia de Cilicia (51 - 50 a. C.). Durante la guerra civil entre César y Pompeyo se declaró abiertamente partidario de Pompeyo, a pesar de que César quería tenerle más de amigo que de enemigo. Después de la victoria de César en Farsalia, éste perdonó a Cicerón, pero ya no tenía nada que hacer: Su estrella había perdido todo su brillo. El asesinato de César en los  Idus de marzo del año 44 le llenó de alegría. Se creyó de nuevo a la cabeza del estado y atacó a Marco Antonio, que quería suceder al dictador, con 14 discursos que, por imitación de los de Demóstenes contra el rey Filipo de Macedonia, se conocen con el nombre de "Filípicas". Con ello favoreció sin querer los planes del joven Octavio: cuando éste y Marco Antonio se unieron con Lépido y formaron el segundo triunvirato, Cicerón fue proscrito. Fue alcanzado en su huida y asesinado. Afrontó la muerte con valor el día 7 de diciembre del año 43 a. C. Se dice que antes de morir dijo la siguiente frase: 

"Causa causarum miserere mei" "Causa de las causas ten compasión de mí"

"No era ni héroe ni santo, pero sí uno de los romanos más estimables de su tiempo" (Laurand)

 En toda la antigüedad no hay otro hombre que sea tan conocido como Cicerón. Su correspondencia nos hace penetrar en su intimidad. Se ven con facilidad sus defectos, y a veces se queda uno con eso solamente: su vanidad insaciable, su impresionabilidad. Tenía grandes cualidades, y algunas muy raras en los hombres de su tiempo: era un hombre honesto en una época de corrupción en que los gobernadores robaban descaradamente en sus provincias. Fue bueno, paciente, amable, charlador alegre, simpático. Literato sin igual y hombre de estudio, amigo de los libros, que hubiera preferido para vivir un momento histórico más tranquilo, se encontró inmerso en varias guerras civiles y golpes de estado. En estas circunstancias no podía triunfar. Pero merece más estima desde el punto de vista moral que su vencedor, César, el gran organizador.

LAS OBRAS DE ORATORIA.-

Cicerón fue ante todo, un gran abogado. Primero de pleitos; más tarde fue criminalista. Los procesos criminales eran muy populares en Roma y afectaban a la vida política, sobre todo si se trataba de un personaje conocido y una acusación importante.

1.- Discursos de defensa o acusación

*Concusión

 "In Verrem" <"Verrinas">

"Pro Frontio"

"Pro Flacco"

"Pro Rabirio Postumo"

*Lesa república o alta traición

"Pro Rabirio perduellionis reo"

 "Pro Sulla"

*Maniobras electorales

"Pro Murena"

"Pro Planctio"

*En otras ocasiones la defensa propiciaba un enfrentamiento entre los dos partidos principales

"Pro Roscio Amerino"

"Pro Sextio" 

"Pro Coelio"

"Pro Milone"

*Después de la muerte de Pompeyo abogó delante de César por los pompeyanos desterrados o caídos en desgracia

"Pro Marco Marcello" 

"Pro Ligario"

"Pro rege Deiotaro"

2.- Los discursos propiamente políticos forman cuatro grupos:

1.- En favor de Pompeyo

"De imperio Cn. Pompei" <66 a. C.>

2.- Discursos consulares (63 a. C.) 

In Rullum de lege agraria" <3 discursos>

 "In Catilinam" <4 discursos> "Catilinarias"

 

El primer discurso de los cuatro contra Catilina comienza con esa frase que se ha hecho célebre: "Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Quamdiu furor iste tuus nos eludet?" ("¿Hasta cuándo, Catilina, vas a seguir abusando de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo seguirá burlándose de nosotros esta furia que te caracteriza?"). Éste es el momento a que se refiere la imagen. Cicerón en medio, de pie, y Catilina abrumado por las acusaciones del orador. Probablemente Cicerón tenía preparado otro comienzo para este discurso, pero al ver que Catilina, el golpista, se presentaba en el Senado como senador que era y que tenía derecho a ello, cambió el principio con esas frases que se han hecho célebres y que atacan directamente al traidor.

 

3.- Discursos del "retorno del destierro", (57 a. C.)

Post reditum in senatu (oratio cum senatui gratias egit)

  Post reditum ad Quirites (oratio cum populo gratias egit).

Para dar gracias al senado y al pueblo por la vuelta y para poder entrar a tomar posesión de sus bienes

 

4.- Las "14 Filípicas"

In M. Antonium orationum Philipicarum libri XIV, del 2 - IX - 44 al 21 - IV - 43) 

Estos discursos resultan ser la última lucha política de Cicerón. Son discursos, unos reales y otros ficticios, redactados a modo de panfletos para ser difundidos por toda Italia y levantar los ánimos contra la indignidad moral y los proyectos sin escrúpulos de Marco Antonio.

 

 

A excepción de las "Catilinarias" y las "Filípicas" en que el calor patriótico y la inspiración llena de odio son admirables, las arengas políticas no añaden gloria a la elocuencia de Cicerón. Los discursos judiciales, por el contrario, son el triunfo de Cicerón, por la variedad de los efectos, propios de una viva imaginación.

Podemos decir que Cicerón es el más grande de los oradores de Roma, y eso que tanto antes como durante y después de él, los hubo muy buenos. No podemos apreciar el mérito de Cicerón sólo con sus discursos escritos, ya que lo importante y principal era el tono con que se pronunciaban. Sin embargo algo sí que nos queda. Tenía una habilidad especial y un tacto exquisito para evitar choques en el auditorio y ganar su simpatía; para disponer las pruebas. Fue el más espiritual de los romanos de su tiempo. Describe y retrata a sus personajes de una manera perfecta. Producía en el auditorio un efecto demoledor, de manera que sus amigos le dejaban hablar en último lugar.

Además de un gran orador fue un estupendo teórico de la oratoria, ya desde su juventud. Sus obras teóricas sobre la elocuencia son:

"De inventione" (86)

Es una obra de juventud. Consiste en una enumeración seca de los procesos para encontrar ideas y componer correctamente un discurso. Está imbuido de las ideas de su tiempo.

"De oratore libri III" (55)  

  Está escrito en forma de diálogo entre cuatro de los mejores oradores: Antonio, Craso, Escévola y César Estrabón. El primer libro trata sobre la ciencia necesaria al orador; el segundo, acerca de la búsqueda y la disposición del discurso; y el tercero, sobre el estilo del orador.

"Brutus" (46)

Es otro diálogo en que los principales personajes son el mismo Cicerón, su amigo Ático y Bruto. Aquí narra la historia de la elocuencia romana. Da gran número de ideas y se defiende del ataque de los neoáticos.

"Orator" (46)

Retrato del orador perfecto, que, por supuesto, es él mismo. En este tratado expone con gran claridad y lujo de detalles su teoría sobre el estilo del discurso y su extensión.

"De optimo genere oratorum" (46)

Opone a los dos más grandes oradores griegos: Lisias y Demóstenes.

"Tópica" (44)

Trata sobre los lugares comunes en los discursos. Es un resumen de memoria y con su peculiar estilo de una obra de Aristóteles.

 

Es uno de los pocos escritores que compaginan teoría y práctica. No es excesivamente original, ya que su fuerza no estaba en la novedad de las ideas, sino en la manera como las ponía en práctica. Por eso no basta tener ideas y seguir las normas, sino que el orador debe tener talante, ejercicio y conocimientos. Su ideal de elocuencia es él mismo, y el criterio para conocer si la elocuencia es auténtica es la acogida del público y el efecto sobre él.

Podemos decir que Cicerón tiene el estilo clásico por excelencia. Es natural, no lo fuerza nunca, y al mismo tiempo lo hace con gran corrección y purismo, con armonía y musicalidad, como ningún otro en la prosa latina. Sin embargo no está exento de variedad, y sus escritos están llenos de matices. El valor de sus obras estriba sobre todo en la belleza formal. Sin embargo la importancia de Cicerón va más allá de ser un buen escritor: es el notario más fiel de su época. Nos presenta el cuadro más completo de la sociedad en la que le tocó vivir. Es la persona sin la cual no tendríamos actualmente un conocimiento correcto de la historia y las instituciones de su tiempo. En todos los estudios sobre ello se citan sus obras. No sólo es el mejor orador de Roma, sino que es el mayor hombre de letras de la antigüedad, y del que se conservan el mayor número de obras.

1.- ORÍGENES DE LA ÉPICA EN ROMA

2.- LA ÉPICA EN LA ÉPOCA DE AUGUSTO

1.- ORÍGENES DE LA ÉPICA EN ROMA

 

En todas las civilizaciones antiguas se acostumbraba cantar las hazañas de los antepasados. En todas las culturas antiguas aparece la figura de quien solía recitar historias, que, en muchas ocasiones, eran reconocidas como propias, ya que, probablemente, eran los propios padres y abuelos de los que las oían los protagonistas de ellas.

No nos podemos olvidar de los elogios fúnebres. Siempre se ha considerado que cuando uno muere llega para él el día de las alabanzas. No importa que no sean verdad, o por lo menos no de esa manera. En ese momento nadie va a decir nada por una alabanza de más. Varrón lo dice:"Carmina antiqua, in quibus laudes erant maiorum, et assa voce et cum tibicine", que quiere decir: "Cánticos antiguos en los que se alababa a los antepasados, cantados sólo con la voz limpia, "a capella", o acompañada de flauta".

Sin embargo fue la tradición épica griega la que entró en Roma. Las grandes epopeyas, La Ilíada y La Odisea calaron en la gente y los primeros dramaturgos y poetas las tradujeron al latín en forma de poemas y de obras dramáticas.

Esto ocurrió porque los romanos no tenían un hecho histórico que suscitase poemas de la misma forma que la Guerra de Troya había sido el origen de los poemas griegos. En el 264 a. C. comenzó la Primera Guerra Púnica contra los Cartagineses. En esta guerra los poetas vieron la epopeya que les faltaba. Y así, Cneo Nevio, que participó en ella, escribió su obra Bellum Punicum.

Los primeros poemas épicos de que tenemos noticia, los de Livio Andrónico y Cneo Nevio, estaban escritos en verso saturnio. No se sabe a ciencia cierta cómo era y de cuántas sílabas se componía. Lo que sí parece fuera de toda duda es que su acento era musical. Sin embargo, no se conoce con precisión cuál era la alternancia de sílabas largas y breves, dónde caía el acento, cuáles eran las sílabas de sustitución, etc. Se podría comparar a los cantos populares actuales que tienen una gran libertad de metro y rima.

Pronto apareció el verso que había manejado con maestría Homero en sus dos obras: el hexámetro. Ennio escribió su gran epopeya Annales en versos hexámetros, que están compuestos, como su mismo nombre indica, de seis medidas o pies de tres sílabas, una larga (—) y dos breves (UU): —UU. Estos pies métricos son como en música un compás de 2/4, en el que una nota negra (sílaba larga) dura lo mismo que dos corcheas (dos sílabas breves), y a su vez las dos corcheas (sílabas breves) se pueden sustituir por una nota negra (sílaba larga). 

El esquema del hexámetro es el siguiente

UU /  — UU  /  — UU /  — UU  /  — UU  /  — U

Se ve que en los cuatro primeros pies las dos sílabas breves se pueden sustituir por una larga, y que el último pie sólo tiene dos sílabas; la última sílaba puede ser tanto larga como breve.

2.- LA ÉPICA EN LA ÉPOCA DE AUGUSTO

Publius Vergilius Maro

  (70 - 19 a. C.) 

Puede ser considerado el poeta nacional Romano por excelencia, ya que con su obra, sobre todo con la  "Eneida", contribuyó al asentamiento de Augusto en la más alta magistratura de Roma, logrando el establecimiento, de una manera definitiva, del poder personal y la caída de la República.

Nació en Andes, un pueblo cercano a Mantua, y se educó en su niñez dentro de un medio rural, que le dio la sensibilidad necesaria para sentir la naturaleza y sus fenómenos, como se aprecia en las "Bucólicas" y en las "Geórgicas", que se basan fundamentalmente en lo pastoril, las primeras, y en lo agrícola, las segundas.

Estudió la gramática en Cremona, y la retórica en Milán y Roma. Aquí se interesó por los círculos poéticos de Catulo, los "poetae novi", y Lucrecio, que le despertaron su vocación y aprendió; lo mismo que en Nápoles, donde estudió todas las ciencias de entonces y adquirió el sentido de observación tan fino característico de su poesía. Pero volvió al campo, que era donde se encontraba más a gusto (año 43 a. C.).

Tal vez fue expropiado de sus posesiones para la entrega de tierras a los veteranos de las guerras civiles, pero, sea como fuere, más tarde recibió la recompensa, tanto por parte de Augusto como de otros bienhechores (Mecenas), de tal forma que llegó a contar con una fortuna suficiente para poder dedicarse a la poesía. Por razones de salud dejó la Cisalpina y se estableció en la Campania, donde se dedicó a escribir sus poemas, cuya composición tuvo que interrumpir en repetidas ocasiones por su mala salud: sufría de la garganta, del estómago, de la cabeza, y tenía vómitos de sangre.

Hacia los 28 años se dedicó a escribir las "Bucólicas", tarea que le ocupó 4 años. Se trata de cierto tipo de poesía pastoril, a imitación de los "Idulia" de Teócrito, pero imita con total libertad. Es un género ficticio, pero su sentir por el campo es muy fuerte, real y encantador, sobre todo en sus descripciones. Son 10 poemas no demasiado largos. Sólo dos pasan de los 100 versos: el 3º y el 8º.

A continuación, durante siete años compuso las "Geórgicas": cuatro libros de algo más de 500 versos cada uno, que tratan sobre las labores del campo: tanto de los vegetales como de los animales. Destacan ciertos episodios, como los prodigios a la muerte de César (libro I); el elogio de Italia (libro II); la peste de los animales (libro III); Aristeo (libro IV), así como el tratamiento que da a las abejas.

Es la obra más perfecta de Virgilio, porque hacer interesante un poema didáctico tiene gran mérito. Se nota su ascendencia rural en el tratamiento de los temas y de las descripciones.

 

Pero su obra cumbre es la "Eneida", a la que dedicó los 11 últimos años de su vida. Virgilio deseaba coordinar la belleza griega con el espíritu nacional romano, sumergirse en los tiempos homéricos y servir a la gloria de Augusto. El establecimiento en Italia del Troyano Eneas le pareció adecuado para su proyecto. Era una vaga leyenda que encontró apoyo en los santuarios, sobre todo en los de Venus, y que agradó a la imaginación de muchas familias nobles de Roma que pretendían entroncar con antepasados troyanos: los Julios en particular, familia adoptiva de Augusto, consideraban antepasado suyo a Iulo, hijo de Eneas y nieto de Venus.

Mientras trata de las vicisitudes de Eneas, jefe Troyano, para fundar una nueva Troya, dedica su entusiasmo a Augusto y a Roma. A Augusto, porque le hace descendiente de Iulo, hijo de Eneas y nieto de la diosa Venus. A Roma, porque a través de toda la narración es Roma quien está presente. No en realidad, pero sí en el pensamiento y en el futuro. Por todo ello fue considerado el poema nacional, la epopeya que necesitaba Augusto para dignificar su cargo y, de paso, hacer de Roma lo más grande, ya que estaba en el pensamiento de los dioses; por ella los hombres entablan grandes combates:  

"Tantae molis erat Romanam condere gentem"

El epitafio puesto en su tumba resume su vida:

Mantua me genuit, Calabri rapuere, 

tenet nunc Parthenope,

cecini pascua, rura, duces

Mantua me engendró, La Calabria tiró de mí

Ahora me tiene Parthénope (Nápoles)

he cantado los pastos, los campos, los jefes

 

La Eneida

Es la epopeya de la predestinación de Roma, como expresión concreta de los sentimientos comunes de un pueblo. En el poema hay un protagonista: ROMA, y, tras ella, Augusto, guardián de sus destinos. Éste posee el valor y la fría voluntad de Eneas y se enorgullece de ello.

Pero la patria, según Virgilio, no es sólo el príncipe, sino también la tierra de Italia y los hombres que en ella habitan; lo es también el tesoro de sus leyendas, de sus tradiciones, de su historia. Cuando los Troyanos pisan en suelo de Italia el poeta hace exclamar a Eneas: "Hic domus, hic patria est".

Además de un canto a Roma e Italia, la Eneida es una epopeya de la restauración moral y religiosa deseada por Augusto.

La Eneida está compuesta en 12 cantos. Virgilio tardó, como hemos dicho, 11 años en terminarla y la dejó inacabada. Precisamente para terminarla y antes de dar su última mano, quiso conocer los lugares donde transcurría la acción, y para ello emprendió un viaje a Grecia, que sería el último. Siempre tuvo una salud muy delicada. Esperando este viaje se agravó su estado, y murió antes de partir. Él quiso que se destruyera su manuscrito, pero Augusto lo conservó. A pesar de ser un poema a falta de una última corrección, se ve la perfección en el lenguaje, en la relación fondo - forma, en la belleza del estilo, en las descripciones, casi pictóricas.

Se ha dicho que de los 12 cantos de que se compone la Eneida, los 6 primeros imitan a la Odisea con sus viajes, peripecias y aventuras, y los 6 últimos, a la Ilíada, con sus luchas y episodios guerreros. Sea como fuere, la Eneida es un poema latino original y adaptado al gusto y mentalidad de las personas a quienes iba dirigido. No les era extraño a los romanos, sino todo lo contrario, y se puede ver en distintas inscripciones la aceptación que tuvo, no sólo en los ambientes cultos de la corte, sino en toda clase de personas.

Argumento

Canto I

Eneas con unos pocos Troyanos, al ser destruida la ciudad de Troya por los Griegos, parte con los dioses Penates de Troya a fundar una nueva donde los dioses le señalen. Según el destino, se asentará en Italia. Venus, su madre, lo ayuda, mientras Juno lo retrasa provocando una tempestad que lo arroja a las costas de Cartago, donde la reina Dido está construyendo una ciudad. La reina se enamora de Eneas y quiere retenerlo. Organiza un banquete en su honor y le pide que le cuente la caída de Troya y las vicisitudes de su viaje.

Canto II

En este canto Eneas cuenta la destrucción de la ciudad por medio de la estratagema del caballo ideada por Ulises, y cómo él solo con su padre, su hijo y un grupo de troyanos consigue huir. Su mujer, Creusa, muere en el asedio de Troya

Canto III

Sigue contando su viaje, cómo encuentra a Andrómaca, la mujer de Héctor; cuenta también la muerte de su padre Anquises en Sicilia, y la de su piloto Palinuro, en la tempestad.

Canto IV

Es el más romántico de todos. Cuenta los amores de Dido y Eneas. La reina hace lo posible para que se quede, ayudada por la diosa Juno. Pero la diosa Venus, madre de Eneas, manda al mensajero de los dioses, Mercurio, a que recuerde a Eneas su obligación de buscar un nuevo lugar para la Troya que fue destruida. Eneas se decide a abandonar a Dido. Ésta se entera y en una pira amontona todas las pertenencias de Eneas, la prende fuego y se mata con la espada de su amado.

 Canto V.

Eneas se hace a la mar y llega a Sicilia un año más tarde de que muriera su padre. Así organiza unos juegos fúnebres en honor a Anquises, cosa que nos cuenta en este canto

Canto VI

Desde Sicilia llega a las costas de Italia. Nos cuenta la bajada de Eneas a los infiernos. Es una visión del futuro de Italia, porque allí se encuentra las almas de los que más tarde serán los que regirán la ciudad de Roma. Habla con ellos y le irán desgranando lo que será Roma en el futuro. Además se encuentra con su padre y con Dido que no le quiere ver.

Canto VII

Ahora  comienzan las luchas por la supervivencia y el predominio en el Latio. Eneas establece una alianza con el rey Latino, que le ofrece en matrimonio a su hija Lavinia. Pero Juno provoca la enemistad de Turno, rey de los Rútulos, prometido de Lavinia.

Canto VIII

Se nos narra cómo Eneas quiere buscar alianzas, y para ello viaja por el río Tíber hacia el interior de Italia y encuentra a Evandro, rey de los Arcadios, que ocupa el lugar que luego será el de la ciudad de Roma. Hace con él una alianza, y Palante, hijo de Evandro, con algunos caballeros, se va con Eneas. Éste recibe unas armas que Vulcano, dios del fuego, ha hecho por encargo de Venus. En estas armas, por medio de bajorrelieves se narran acontecimientos de la futura Roma.

Canto IX

Durante el viaje de Eneas, Turno ataca el campamento de los troyanos, quema sus barcos y ocupa el campo. Dos jóvenes, Niso y Euríalo atacan a los Rútulos, pero, imprudentes, son matados por éstos. 

Canto X

Comienza con una asamblea de los dioses. Se enfrentan Juno y Venus, defensoras, cada una de uno de los dos bandos: Venus, madre de Eneas, de los Troyanos; Juno, de los Rútulos. Júpiter es partidario de que sea el Destino quien actúe. Eneas vuelve con los Arcadios y vence en la batalla en la que muere Palante. Turno es salvado por Juno que lo aleja de la pelea haciéndole ir tras un fantasma que aparentaba ser Eneas. Se llevan a cabo unas exequias fúnebres en honor de Palante.

Canto XI

Después de una tregua de 12 días para sepultar a los muertos de las batallas anteriores, Eneas ataca y vence al escuadrón de la reina de las Amazonas, Camila, y a los guerreros Volscos. Después asalta la ciudad de Laurento

Canto XII

Por último, cuenta el episodio final de la guerra, que se decidirá por medio de un combate singular de Eneas y Turno, protagonista y antagonista, respectivamente de la obra. La ninfa Juturna ayuda a su hermano Turno, y Venus a su hijo. Eneas vence a Turno y le da muerte.

Los personajes.-

Eneas  

Es el típico romano: religioso, amante de sus tradiciones, de su familia, de sus antepasados, de sus subordinados; respetuoso para con los desconocidos; valiente y esforzado en las batallas. El adjetivo que mejor le va y que Virgilio le aplica con frecuencia es el de "pius" que quiere decir piadoso: piadoso en sus relaciones con los dioses, con su familia, con sus compañeros. Además es valiente: 

"Troius Aeneas pietate insignis et armis"

La reina Dido

 Apasionada, tanto en el amor como en el odio; tanto en su vida terrena como en la de ultratumba. La tradición romana más antigua decía que por esta enemistad comenzaron las hostilidades entre Roma y Cartago que culminaron con las Guerras Púnicas.

Turno

El antagonista, ardiente en sus resoluciones, parece a muchos lectores más simpático que Eneas.

El rey Latino

La ancianidad venerable. 

Niso y Euríalo

La amistad en la juventud.

No puede Virgilio dejar de ser en la Eneida lo que ha sido en las Bucólicas y en las Geórgicas: el amor a la Naturaleza está por todas partes, en las descripciones, en los epítetos, sobre todo cuando se refiere a Italia.

El verso hexámetro, verso dactílico de seis medidas o pies dáctilos, que tienen tres sílabas, una larga (—) y dos breves (UU): —UU, fue introducido en Roma a imitación de los griegos, sobre todo de Homero, por Ennio y utilizado por Lucrecio y Catulo. Virgilio lo elevó a la más alta cumbre de obra de arte, tanto que se le puede considerar como una de las grandes aportaciones romanas al mundo del arte, comparable al Coliseo o al Panteón. El hexámetro de Ennio podría ser copia del verso griego de Homero; el de Virgilio es original, latino.

La Eneida es una "novela"; pero una novela en la que los estudiantes romanos encontraban todo el saber de su tiempo, y por eso la utilizaron como libro de texto. Es historia, geografía, mitología, religión, astronomía, etc., es decir, una enciclopedia que pudo sustituir con creces al libro de texto anterior, que era la traducción que Livio Andrónico hizo al latín de la Odisea de Homero. La Eneida, además de todo eso, era ROMANA, es decir, cosa propia.

Propercio dice de este poema:

"Cedite, Romani scriptores, cedite Graii;

Nescio quid maius nascitur Iliade."

Retiráos, escritores Romanos; retiráos escritores Griegos; me da la impresión de que ha nacido algo más grande que la Ilíada

A pesar de ser un poema a falta de una última corrección, se ve la perfección en el lenguaje, en la relación fondo - forma, en la belleza del estilo, en las descripciones, casi pictóricas.

Se cree que Virgilio, además de las obras que hemos comentado, escribió otras en su juventud, y que están recogidas junto con las importantes en una compilación denominada "Apendix Virgiliana". Entre éstas podemos enumerar: "Culex", "Ciris", "Catalepton", "Aetna", "Elegiae in Mecenaten".

 

 

1.- LA LÍRICA EN ROMA.HORACIO

"Natus est VI idus decembris L. Cotta et L. Torquato consulibus, decessit V kal. decembris C. Marcio Censorino et C. Asinio Gallo consulibus post nonum et quinquagesimum annum herede Augusto palam nuncupato, cum urgente vi valetudinis non sufficeret ad obsignandas testamenti tabulas. Humatus et conditus est extremis Esquiliis iuxta Maecenatis tumulum." (Suetonio, "De viris illustribus", "Vita Horatii", 16)

Nació el día sexto antes de los idus de diciembre (8 de diciembre) durante el consulado de L. Cotta y L. Torcuato (65 a. C.), y murió el día quinto de las calendas de diciembre (27 de noviembre) cuando eran cónsules C. Marcio Censorino y C. Asinio Galo (8 a. C.), a la edad de cincuenta y nueve años, después de designar públicamente heredero de sus obras a Augusto; murió de una manera casi repentina, tanto que la fuerza de la enfermedad ni siquiera le permitió firmar su testamento. Sus funerales tuvieron lugar en el mismo sitio donde fue enterrado, en la parte más alejada del Esquilino, junto a la tumba de Mecenas.

Quintus Horatius Flaccus (65 - 8 a. C.)

Nació en Venusia, cerca de Lucania. Su padre era un liberto que se dedicaba a recaudar el dinero de los impuestos (coactor), que es lo que nos dice el mismo Horacio, pero que, según otros, también hacía negocios como traficante de salazones (salsamentarius). De ahí que cuando se le quería molestar se le decía: "Quotiens ego vidi patrem tuum bracchio se emungentem!", "¡Cuántas veces he visto a tu padre con el brazo metido hasta el codo!" (Suetonio, op. cit.).

Horacio no se avergonzó en ningún momento de su origen, ya que su padre le dio todo lo necesario para que tuviera una sólida formación moral y los medios para que su instrucción fuera la misma que la de los niños de las familias nobles. Su padre lo llevó a Roma todavía muy joven, con lo que se convirtió en un joven urbano, sin referencia a la vida campestre y rural, como Virgilio, aunque amaba el campo por la tranquilidad que se respiraba y como refugio en los momentos de mayor actividad. Allí, en Roma, fue su padre quien le dio las primeras lecciones como pedagogo, ya que prefería no tener que fiarse de un esclavo para una tarea tan delicada. Pasó al estudio de la gramática donde leyó las obras de los antiguos escritores latinos, pero también de los griegos, y leyendo las muestras de la poesía griega descubrió su vocación por la belleza. Sus primeros versos los escribió en griego. 

Gracias a la generosidad y a la inteligencia de su padre, Horacio pudo ir a completar sus estudios a Atenas. Allí le llegó la noticia de la muerte de César, y de los consiguientes problemas que se originaron en Roma a raíz del asesinato del dictador. 

Horacio pertenecía al círculo de los jóvenes partidarios de la república, causa que veían defendida por Bruto. Éste lo encontró cuando fue a Grecia a reclutar soldados para su ejército, y le confirió el cargo de tribuno de los soldados. Participó en el año 42 en la batalla de Filippos, y como él bien dice, no tenían nada que hacer contra el ejército de Antonio y Augusto. Por ello, en el momento de la derrota fue uno de los que tiró el escudo y huyó. Él nunca lo consideró deshonroso. Se benefició de la amnistía decretada por el triuvirato (Augusto, Marco Antonio y Lépido)

Quedó arruinado, y compró un cargo de escribano en las oficinas de los cuestores, lo que le permitió poder escribir poesía, (Sátiras y Epodos) con lo que comenzó a darse a conocer como poeta. Virgilio y Vario adivinaron su valor y porvenir en el campo de la poesía y le presentaron a Mecenas (en la imagen) el año 39. La primera entrevista fue fría, ya que Horacio era tímido y no hubo comprensión mutua en aquel momento. Más tarde se volvieron a encontrar, ya que Mecenas valoró mucho la discreción de Horacio que no había hecho nada para volver a verle, lo llamó y lo introdujo en el círculo de sus amigos. Mecenas ha pasado a la historia de una manera un tanto gris, bajo la sombra de Augusto, por un lado, de quien fue consejero, y de los grandes poetas a los que apadrinó y a los que proporcionó la suficiente seguridad para que pudieran dedicarse a llevar a cabo sus obras maestras. Mecenas despreciaba la vulgaridad y se dejaba llevar por una elegancia discreta y refinada al mismo tiempo. 

El año 33 a. C. Mecenas le regaló una casa de campo en la Sabinia. Augusto quiso hacer de Horacio su secretario epistolar, pero él no se aprovechó de la situación para trepar en los distintos cargos de la administración. Prefería esa "aurea mediocritas" que se podría interpretar como una medianía tranquila y sin sobresaltos, pero que al mismo tiempo produce tanto placer que se puede comparar con el oro. Conservaba su ocio sin molestar a nadie en provecho de sus letras y de la filosofía. Su vida se desarrollaba entre Roma y su finca de la Sabinia, de una forma tranquila que le permitía dedicarse a sus poemas. 

El año 8 a. C. murió Mecenas no sin antes haber recomendado a Horacio delante de Augusto. Pero el mismo Horacio murió poco después de una manera repentina y sin haber podido redactar su testamento. Lo que no fue óbice para que delante de todos los que pudieron oírle decretase que Augusto era el destinatario de todos sus bienes. Se le hicieron unos suntuosos funerales y se le enterró cerca de donde había sido enterrado Mecenas.

Era un hombre rechoncho y tranquilo, debido a su complexión. Supo gozar sin estridencias de todos los placeres del campo y de la ciudad, de la sociedad más escogida de Roma y de la soledad de su finca. Fino observador y agudo sicólogo nada le pasaba inadvertido. Su moral era la de la moderación, práctica y realista. Se defendía cuando se le atacaba y se enfadaba cuando alguien escribía mal o con malos versos. Era bastante egoísta y no tuvo nada de héroe.

OBRAS

EPODOS

  17 obras de juventud, escritas entre los años 41 y 30 a. C., en los que Horacio imita, con temas romanos, los metros y el espíritu del griego Archiloco. Son poemas cortos escritos en dísticos yámbicos. Sus temas son: 1.- Los que se dirigen contra personas concretas; 2.- los que simplemente sirven de distracción; 3.-los epodos cívicos, 4.- los epodos amorosos y báquicos. 

Entre todos estos poemas el más famoso es el "Beatus ille qui procul negotiis…", ("Dichoso aquel que de pleitos alejado…"), que sirvió de inspiración a Fray Luis de León para su "Oda a la vida retirada" que comienza con estas palabras: 

"Qué descansada vida

la del que huye el mundanal ruido

y sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido".

ODAS

El espíritu de Horacio era lírico, y por tanto sus mejores obras están entre las "odas", en las que, imitando a Safo y a Alceo, toca todo tipo de temas, porque todos se prestan más o menos al lirismo. Fijó sus ritmos con vigor, y obtuvo de la lengua latina efectos admirables con una forma muy sobria. Las odas familiares son las que más se prestan, ya que tratan con gran finura de sus alegrías, de sus tristezas, de los consejos a sus amigos. Cuando habla de la naturaleza, se le nota que ama al campo por la tranquilidad que proporciona, no por sí mismo, como Virgilio. 

"CARMEN SAECULARE"

Apoyó las intenciones religiosas y morales de Augusto en cuanto que estaban de acuerdo con su propia filosofía y su deseo de tranquilidad y orden. Por eso el año 17 a. C. Augusto le encargó la redacción del himno que debían cantar en el Palatino 27 chicos y 27 chicas el tercer día de los "Ludi Saeculares", en honor de los dioses, y en particular, de Apolo. Realizó una obra sin gran entusiasmo. Ensalzó a Augusto y a los miembros de su familia. Se nota más perfección técnica de arte que fervor de poeta.

"SATIRAS"

Dos libros en hexámetros, en las que trata de fustigar los vicios sin alusiones personales, y en los que alaba la vida sencilla. 

"EPÍSTOLAS"

También en hexámetros, eran para Horacio "Sermones", es decir, "conversaciones", charlas de tono mordaz o relajado. Los temas preferidos son los morales, literarios y filosóficos. Entre las "Epístolas", destaca la "Epistola ad Pisones", llamada también "Arte poética", que no es otra cosa que una recopilación de los consejos de Horacio a los hijos de su amigo Pisón acerca de la literatura y de la dificultad de la poesía.

"El estilo de Horacio es importante por su justeza, su perfección, por la precisión neta de sus imágenes y por la unión acertada de palabras nuevas. El apogeo de su talento lírico está en el libro tercero de las "Odas". A medida que pasa el tiempo se le va afirmando el carácter romano, tanto en ideas como en vocabulario. Llegó a ser clásico, según su predicción, pero no llegó a ser popular.

2.- LOS TÓPICOS HORACIANOS

Los topica o lugares comunes son un asunto muy antiguo en la literatura. Ya los griegos los usaron y los denominaron con el nombre de tópicos, haciendo referencia a la palabra griega topoV , que significa lugar. Ya Aristóteles había escrito un tratado sobre este tema. Cicerón, en un escrito que lleva por título precisamente Topica, hace un resumen de memoria del libro de Aristóteles. Se trata de desarrollar asuntos repetidos que podrían dar lugar a desarrollos posteriores, pero ya conocidos por el público.

Bien es verdad que el autor latino que ha proporcionado más expresiones latinas al acervo cultural de Europa es Cicerón. Sin embargo Horacio nos ha dejado unas cuantas perlas, expresiones concisas, contundentes, expresivas, que han tenido mucho éxito en la filosofía y en la literatura universal, e, incluso, en el habla popular. ¿Quién no ha oído decir Carpe diem, Beatus ille, por ejemplo? No todas ellas son de propia cosecha, ya que muchas, como hemos apuntado anteriormente, procedían de la tradición literaria y filosófica griega. Sin embargo, han hecho fortuna a partir de Horacio.

Numerosas son las frases de Horacio que han llegado a ser tópicos, es decir, que, vengan o no vengan a cuento, se dicen o se escriben. Sin embargo también nos han quedado otras muchas menos conocidas, que merece la pena descubrir, porque, en unas pocas palabras, son un compendio de sabiduría. Estas expresiones, junto con otras de diversos autores, han sido adoptadas por filósofos, moralistas o literatos posteriores para explicar en pocas palabras y con contundencia todo un razonamiento filosófico, moral o literario.

 

 

 

Latín